Testimonio

Años caminando con los demás: el recorrido de un jesuita por los márgenes, el diálogo y la esperanza


A mis ochenta años, me encuentroahorareflexionando no sólo sobre los años que he vivido, sino también sobre las muchas vidas con las que he tenido el privilegio de caminar. Mirecorridocomo jesuita me ha llevado a pueblos remotos, campus universitarios, encuentros interreligiosos y centros de crisis. Durante los últimos quince años,me he involucrado a fondo en el trabajo con una organización humanitaria centrada en las víctimas de la migración forzada y la trata de personas, aquellas personas desplazadas por el engaño, la violencia o la pobreza y, a menudo, ignoradas por la sociedad.

Pero mi formación comenzó mucho antes. Cuando era un joven jesuita, me asignaron como párroco en un pueblo remoto, un lugar que en aquel entonces aún estaba muy aislado y subdesarrollado. Allí aprendí lo que significaba formar parte de una comunidad con recursos limitados, pero con una gran dignidad. Después de dos años, me trasladé a un entorno urbano, donde trabajé como capellán universitario y profesor de teología católica en una universidad estatal durante trece años. Era un nuevo tipo de campo misionero, un campo de ideas, debates académicos y estudiantes en busca de sentido. Más tarde, se me confió el cargo de secretario ejecutivo para el diálogo interreligioso en la Conferencia Episcopal de Indonesia, cargo que ocupé durante nueve años. Finalmente, durante seis años, trabajé en el Centro de Crisis de la misma Conferencia, abordando emergencias sociales y pastorales, tanto repentinas como estructurales.

Un punto de inflexión importantepara adquirir conciencia demí mismo se produjo a los veinte años, cuando empecé a comprender lo que realmente significaba vivir como miembro de un grupo minoritario entre una mayoría musulmana. Hasta entonces, había dado muchas cosas por sentadas. Pero una vez que entré en la sociedad en general, especialmente en los ámbitos académico y político, empecé a sentir en términos reales lo que era ser «el otro». Esa sensación de diferencia no siempre era hostil, pero conllevaba una conciencia constante de ser observado, escrutado o malinterpretado.

A lo largo de los años, he reconocido ciertos patrones recurrentes —comportamientos, percepciones y estructuras— que han moldeado mis experiencias en contextos muy diferentes. Aunque las historias y los entornos pueden variar, la dinámica subyacente suele ser similar. He identificado al menos cuatro patrones que siguen resonando en mi memoria y en mis reflexiones.


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Estigmatización – Marginación – Victimización

Una y otra vez, vi cómo se etiquetaba y se marginaba a personas, que acababan reducidas a objetos de lástima o desprecio.Por ejemplo, cuando trabajé conmano de obramigrante, conocí a muchas mujeres que habían sido víctimas de la trata con el pretexto de trabajar como empleadas domésticas, y que acabaron siendo maltratadas y sin documentos en el extranjero. A su regreso, en lugar de ser acogidas, a menudo se les culpaba de su sufrimiento o, lo que es peor, se las trataba como fracasos morales. Su trauma no era solo físico, sino tambiénsumamentesocial. La sociedad a menudo convertía a las víctimas en culpables.

Un ejemplo especialmente trágico y político es la experiencia de los acusados de comunistas durante las purgas anticomunistas en Indonesia después de 1965. Muchos fueron encarcelados sin juicio y su identidad quedó marcada con la etiqueta«ekstapol»(ex preso político), impresa en sus documentos de identidad. Esta etiquetales condenó a una marginación de por vida. No se les permitía acceder a la función pública, sus hijos no podían ingresar en las academias militares y, a menudo, tampoco en las universidades públicas, y eran rechazados socialmente. Una simple acusación daba lugar a la detención, la vigilancia y la sospecha pública. Estigmatizados por la etiqueta, marginados por las políticas y victimizados por la exclusión, se vieron obligados a vivir en el silencio y el miedo, mucho después de que terminaran sus condenas de prisión.

También he observado patrones similares entre las personas que viven con el VIH/SIDA, los miembros de grupos religiosos minoritarios o las personas de entornos empobrecidos. Lo que comienza como un estigma, una etiqueta o un estereotipo a menudo se convierte en marginación en las políticas, el acceso a los servicios y la percepción pública.Con el tiempo, estos grupos se enfrentan a la victimización no sólo por parte de individuos, sino también de las propias estructuras destinadas a protegerlos.


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Conflicto – Tolerancia – Diálogo – Colaboración

He visto este patrón en muchas formas, desde conflictos interreligiosos violentos hasta injusticias institucionales. Un ejemplo de larga data es el caso de GKIYasmin en Bogor, dondeauna congregación protestante, a pesar de tener un permiso legal y una sentencia del Tribunal Supremo a su favor,se le prohibió el uso de su iglesia. Las autoridades locales, bajo la presión de grupos intolerantes, sellaron la iglesia, obligando a la comunidad a celebrar sus cultos en la calle durante años. Este acto de intolerancia no fue un incidente aislado, sino que reflejaba una resistencia estructural más profunda a la diversidad religiosa.

En una escala más trágica, fui testigo directo de la violencia interreligiosa en Ambon (1999-2002), donde décadas de coexistencia pacífica entre musulmanes y cristianos se hicieron añicos casi de la noche a la mañana. Se quemaron iglesias y mezquitas, se destruyeron barrios enterosy se asesinó a personas en nombre de la religión. El dolor de Ambon permanece grabado en mi memoria, no sólo por el sufrimiento, sino también por la resiliencia y el coraje que surgieron después.

En ambas situaciones, el camino hacia la sanación comenzó con la tolerancia,no sólo con la coexistencia pasiva, sinoconun esfuerzo activo por hacer espacio para la presencia del otro. Esto condujo al diálogo: en Ambon, grupos interreligiosos comenzaron a organizar conversaciones comunitarias, educación para la paz para los jóvenes y memoriales conjuntos. Tuve el privilegio de participar en foros en los que líderes musulmanes y cristianos compartieron juntos su dolor y sus esperanzas.

Del diálogo surgió la colaboración. En Ambon, musulmanes y cristianos reconstruyeron juntos escuelas, reactivaron mercados compartidos y celebraron eventos culturales que celebraban ambas tradiciones. En Bogor, aunque el edificio de la iglesia GKIYasmin permaneció cerrado durante años, la solidaridad interreligiosa se fortaleció cuando los musulmanes se unieron a los cristianos en el culto público, lo que sirvió como forma de resistencia y testimonio.


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Exclusividad – Apertura – Intercambio de perspectivas – Enriquecimiento mutuo

En los encuentros religiosos y culturales, observé un patrón que comenzaba con la exclusividad, la creencia de que sólo una visión del mundo es válida. Pero a través del trabajo pastoral y el diálogo académico, vi cómo se abrían los corazones y las mentes. Recuerdo una serie de seminarios entre estudiantes musulmanes y católicos, inicialmente marcados por la desconfianza. Pero a medida que pasamos de los debates formales a las comidas compartidas y las historias, el exclusivismo comenzó asuavizarse. Lo que surgió no fue un sincretismo, sino un intercambio respetuoso, una voluntad de escuchar profundamente y de cambiar.

En varios encuentros, vi cómo la apertura genuina ayudaba a las personas a aprender de otras tradiciones sin perder la propia. Un profesor musulmán me dijo una vez que la doctrina social católica había influido en su forma de entender la justicia en su fe. También me han enriquecidoprofundamentelos valores de paciencia, sumisión y hospitalidad que se encuentran en la espiritualidad islámica.


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Tensión: entre la religión institucional y la espiritualidad vivida; entre la continuidad y la discontinuidad; entre la caridad y el empoderamiento estructural

A lo largo de mi vida, he sentido las tensiones inevitables dentro de la vida religiosa y la misión. Existe un espacio creativo, pero frágil, entre la Iglesia institucional y los movimientos espontáneos de la espiritualidad vivida. He visto el fuego del Espíritu moverse en lugares donde las estructuras institucionales eran inexistentes o no respondían. También he experimentadola necesidad delas estructuras para sostener la misión y prevenir el daño.

Una tensión particularmente delicada es la que existe entre la continuidad y la discontinuidad. Es decir, cómo preservamos la integridad de nuestra tradición de fe al tiempo que permitimos los cambios que exigen los nuevos contextos culturales, históricos y generacionales.Un ejemplo de ello es el cambio cultural en las prácticas rituales de los jóvenes católicos de Indonesia. En muchas regiones,especialmente en el este del país, el catolicismo se hainculturado profundamente en las costumbres locales, y las liturgias suelenestar impregnadas de danzas, cantos y vestimentas tradicionales. Estas expresiones son significativas y espiritualmente ricas para las generaciones mayores y las comunidades rurales. Sin embargo, muchos jóvenes católicos,especialmentelos que estudian o trabajan en entornos urbanos, encuentran estas expresiones menos accesibles o relevantes. En su lugar, se sienten atraídos por formas más contemporáneas de culto, reflexión personal o expresiones digitales de espiritualidad.

Esto plantea un dilema pastoral. ¿Debemos dar prioridad a la preservación de las formas tradicionales para mantener la continuidad cultural, o debemos aceptar nuevas expresiones que podrían erosionar la riqueza del patrimonio comunitario y simbólico?

Ambas opciones tienen sus ventajas y sus riesgos. La continuidad rígida puede alejar a los jóvenes; la discontinuidad repentina puede desarraigar la tradición. La vía pastoral, según mi experiencia, consiste en tender puentes: crear oportunidades para que lo antiguo y lo nuevo puedan encontrarse. Permitir a los jóvenes reinterpretar lasformas tradicionales con su propia voz. Fomentar la creatividad litúrgica que permanece arraigada en los sacramentos. De este modo, no abandonamos el pasado, sino que le permitimos vivir y respirar en el presente.

Reflexión final

Estos patrones de marginación, conflicto, diálogo, apertura y tensión no sólo han moldeado mi trabajo, sino que también han forjadomi alma. Me han enseñado que el ministerio no consiste sólo en predicar o en programas, sino en acompañar a las personas en sus momentos más vulnerables y estar dispuesto a dejar que su dolor, su sabiduría y su resiliencia me transformen.

Ahora, en el ocaso de mi vida, sigo profundamente convencido de que la misión de la fe no es dominar, sino servir a la dignidad herida del mundo. Es caminando con los marginados, diciendo la verdad en medio del conflicto, abriendo nuestros corazones a la fe de los demás y abrazando las tensiones de nuestro tiempo, como vivimos más plenamente el Evangelio.

(Original en inglés)

Ignatius Ismartono SJ Ignatius Ismartono SJ

Referencias seleccionadas

1. Sobre la estigmatización, la marginación y la victimización política:

  • Cribb, Robert (ed.).The Indonesian Killings of 1965–1966: Studies from Java and Bali. Monash University Press, 1990.
  • Zurbuchen, Mary S.Beginning to Remember: The Past in the Indonesian Present. University of Washington Press, 2005.
  • Human Rights Watch.Indonesia: Human Rights and the Legacy of 1965. Informe de HRW, 2015.

2. Sobre la intolerancia religiosa y el conflicto en Indonesia:

  • International Crisis Group.Indonesia:The Dark Side ofJama’ah Islamiyah.t ICGReportn.º 63, 2003.
  • Hefner, Robert W.CivilIslam :Muslims and Democratization in Indonesia.PrincetonUniversityPress, 2000.
  • Azra,Azyumardi.Renaisans Islam AsiaTenggara:Sejarah Wacana danKekuasaan.Mizan, 1999.
  • HRW.In Religion’s Name: Abuses Against Religious Minorities inIndonesia.HumanRightsWatch, 2013.
  • BudiHernawan.«TheGKI Yasmincase and the Struggle for Religious Freedom».JurnalIlmuSosial danIlmuPolitik, vol. 17, n.º 3, 2013.

3. Sobre el conflicto en Ambon y los caminos hacia la reconciliación:

  • Duncan, Christopher R.Violence and Vengeance: Religious Conflict and Its Aftermath in EasternIndonesia.CornellUniversityPress, 2013.
  • Adam,AsviWarman.TragediNasional:PergulatanMemoriKolektif,Kekerasan, danPerdamaian di Ambon. LIPIPress, 2016.
  • Robinson, Kathryn.«Gender, Islam and Democracy in Indonesia».Routledge Handbook of Contemporary Indonesia, 2018.

4. Sobre los trabajadores migrantes y la trata de personas:

  • Ford, Michele y Lynette McGregor.Labour Migration and Human Trafficking in Southeast Asia: Critical Perspectives.Routledge, 2011.
  • IOMIndonesia.Counter-Trafficking Programs and Reports.InternationalOrganization forMigration, Annual Reports.
  • Parvati, Richa.Trafficking of Indonesian Migrant Workers: A Hidden Crisis.OIT-IPEC, 2012.

5. Sobre el cambio cultural y la inculturación en el catolicismo indonesio:

  • Steenbrink, Karel A.Catholic in Indonesia,1808-1942:A Documented History.Brill, 2003.
  • Mangunwijaya, Y.B.Gereja danMasyarakat di Indonesia.PenerbitKanisius, 1981.
  • John Prior.«Inculturation and the Challenge of Change in Catholic Indonesia».Verbum SVD, vol. 51, 2010.
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