Apostando por la agroecología como forma de producción agrícola y de establecer relaciones sociales
Abstract
Este artículo, «Apostando por la agroecología como forma de producción agraria y establecimiento de relaciones sociales», es una colaboración de tres profesores de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos de la Universidad Pontificia Comillas. Llevan varias décadas dedicados directamente a la educación y la producción agrarias y, tras promover el «paradigma tecnocrático o industrial» de la agricultura, pasaron a interesarse por la agroecología. Promotio Iustitiae les preguntó cómo habían llegado a apasionarse tanto por la agroecología. Su experiencia de colaboración fructífera entre la Universidad y los habitantes de Valladolid fue un punto de inflexión. He aquí su respuesta:
«La apuesta por la agroecología en el conjunto del INEA (Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos) fue intuitiva al principio. A finales de los 90 y principios del siglo XXI, la creciente preocupación de la sociedad se centraba en la agricultura sostenible y la reducción de los impactos negativos sobre el medio ambiente. Los huertos ecológicos de nuestra granja escuela, desarrollados con, y para, los 430 ancianos residentes en la ciudad de Valladolid, nos lanzaron a acciones concretas: transformamos el currículo de la escuela y la forma de cultivar nuestra granja y nos unimos a iniciativas sociales y de consumo (cooperativa de producción ecológica, la Casa de Ecología y Acogida Ana Leal, etc.). Todo ello lo hicimos con la plena colaboración de profesores y equipos... A veces la conversión es un proceso y, en nuestro caso, seguimos avanzando con paso firme».
La agricultura en Europa, a comienzos de siglo XXI
La agricultura europea, tal y como la conocemos hoy, se definió en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial. El objetivo principal desde los años 60 del siglo pasado había sido, ante todo, asegurar el abastecimiento de una población urbana creciente en razón de la atracción que suponía la industrialización, en momentos en que se abandonaba el medio rural. Ello haría que la Política Agraria Común (PAC) incluyera entre sus objetivos el de favorecer que el agricultor permaneciera en la explotación a través de ayudas directas.
La PAC primera coincidirá en el tiempo con la “revolución verde” que mediante el uso intensivo de insumos: semillas, fertilizantes, herbicidas y plaguicidas consiguió un aumento notable de la productividad. Se incentivó la producción, pero no se tuvieron en cuenta sus efectos sobre el medio ambiente.
La PAC es un sistema de transferencia de renta y de subsidios que ha permitido asegurar un ingreso a los agricultores. Al principio, estos subsidios estaban vinculados solamente a la producción (superficie dedicada a los cultivos, rendimientos medios…), pero con el tiempo se han ido incorporando otros aspectos como el desarrollo rural (actividades económicas alternativas a las agropecuarias); más recientemente, se ha añadido la condicionalidad de requisitos medioambientales (conservación y protección del suelo, mantenimiento de las superficies agrícolas o medidas para evitar el deterioro de los hábitats).
El debate actual dentro del sector agrario europeo reside entre someterse al “yugo” de las subvenciones o adentrarse en el “mito” del mercado. El mercado no retribuye suficientemente sus productos porque descuenta el valor de las subvenciones. En el caso del Reino Unido, este argumento de la libertad de mercado fue uno de los usados para el Brexit, la salida de la UE y el abandono de la PAC. A pesar de esa decisión, lo cierto es que en el Reino Unido se sigue aplicando un sistema de subsidios a los agricultores.
Como saben millones de agricultores en el mundo entero, vivir de los mercados supone una enorme inestabilidad y, en el largo plazo, mantiene en niveles de subsistencia a la mayoría. A menudo, en estos países, se genera una agricultura separada, orientada a la exportación, basada en cultivos intensivos altamente contaminantes, que se sustenta en la explotación de mano de obra y que genera muy escasos beneficios. Estados Unidos y Europa subsidian fuertemente a su agricultura porque son conscientes de la agresividad de los mercados con los agricultores. La PAC puede ser fuertemente criticada, pero es un hecho que, a través de numerosas modificaciones, también ha generado una estabilidad en los ingresos para los agricultores como no se había conocido nunca.
La protección a los agricultores europeos tiene también un impacto importante en la producción agrícola de terceros países. Mientras que la UE es el mayor exportador mundial de productos agroalimentarios, es también el segundo importador mundial de estos productos (229.000 millones en exportaciones frente a 171.000 millones en importaciones). La UE controla, mediante aranceles e impuestos, la importación de productos de terceros países. Por eso, podemos hablar claramente de un régimen proteccionista, que antepone la agricultura europea frente a la de otros países.[1]
La condicionalidad medioambiental, junto con la burocracia, se ha convertido en uno de los temas más controvertidos en torno a la PAC actual. Los agricultores piensan que el esfuerzo que hacen por preservar el medio ambiente no se retribuye suficientemente y les hace menos competitivos frente a la agricultura de terceros países. En sus planteamientos anti-medioambientalistas, no obstante, se observa un profundo sesgo ideológico; pero es necesario tener en cuenta que a) el sector agrario es el causante de más del 70% del daño medioambiental global al planeta, b) este sector es, precisamente, el más afectado por el cambio climático y sus consecuencias, y c) el mismo se sustenta de un modo decisivo en la mano de obra inmigrante. De este modo, los mismos líderes que alientan las protestas de los agricultores, de forma paradójica, llevan en sus programas agendas negacionistas del cambio climático y propugnan por la expulsión de los trabajadores migrantes, alentando la xenofobia.[2]
De hecho, es indudable que el desarrollo de la agricultura intensiva en España, por ejemplo, es un proceso vinculado a la llegada de inmigrantes, que supone una solución a la pérdida de la contribución de los miembros de las familias a las explotaciones propias y a la desafección de los ciudadanos españoles respecto del trabajo asalariado en el campo, por cuanto la producción en condiciones de competitividad ha llevado a los agricultores propietarios a reducir los costes laborales y a buscar mano de obra barata. [3]
Entre el año 2000 y el 2021, el número de personas activas de origen extranjero en el sector agrícola español se incrementó de 50.000 a 250.000. No obstante, si algo define a este colectivo en su conjunto son sus condiciones laborales y salariales muy precarias, más aún en aquellos que no tienen la documentación regularizada para residir y trabajar en España, que se ven, con frecuencia, obligados a vivir en condiciones de suma precariedad socioeconómica y sanitaria, en asentamientos de chabolas, cercanos a los lugares de trabajo; por ejemplo, la zona fresera de Huelva, los invernaderos de Almería o las zonas frutícolas de Lleida.[4]
Se necesita, por ello, con urgencia, una reforma integral que aborde tanto las condiciones laborales directas de los trabajadores migrantes en la agricultura como los factores estructurales que perpetúan su vulnerabilidad.[5] La implementación de políticas y prácticas que promuevan el trabajo digno, el respeto a los derechos humanos y la integración social es crucial para asegurar un sector agrícola sostenible y ético en España.[6]
La agroecología
Abordar la agricultura desde la perspectiva de la Ecología Integral, podría permitirnos una reformulación de la visión de las premisas que mueven la actividad agraria en la actualidad y un avance en la solución de sus contradicciones. La Ecología Integral aboga por un desarrollo global en los planteamientos agroecológicos, vinculándolos necesariamente a la justicia social, y contemplándolos como una forma de abordarla. O concebimos como un todo indisociable la agricultura y la justicia socioambiental o la agricultura y el mundo rural están abocados a convertirse en una rueda más del engranaje del paradigma tecnocrático, que aspira a someter y a controlar a las sociedades modernas, en todos sus ámbitos, a través de la tecnología.
La agroecología no tiene compatibilidad con el sistema productivo actual; en buena medida, porque no se trata de una técnica agrícola, sino de un sistema de vida, de un sistema productivo, que abarca mucho más que unas prácticas agrícolas basadas en criterios de sostenibilidad y se centra tanto en el cuidado de la tierra como en el de las personas. Ello la hace incompatible, de partida, con el sistema capitalista. La agroecología es un horizonte que orienta hacia la práctica agraria el concepto de Ecología Integral y su lucha contra el paradigma tecnocrático. La agroecología es un reto al sistema agrario convencional pero también a la industria alimentaria. A su vez, es un alegato en favor de la proximidad, la austeridad, la simplicidad de vida y la solidaridad. La agroecología es un vector de transformación profunda de la sociedad hacia una sociedad más justa y sostenible.
Vandana Shiva plantea que ese paradigma tecnocrático, que ella define como paradigma industrial, considera al mundo como una máquina a su servicio, a la naturaleza como una materia inerte y al ser humano como un ente independiente de la naturaleza. Para el paradigma tecnocrático, tanto la naturaleza como los seres humanos somos meros agentes de un sistema de producción llamado a producir más y más.[8] En su opinión, al paradigma industrial se opone el paradigma ecológico de la agricultura, basado en la vida y sus interconexiones, en la tierra y en los pequeños agricultores; sobre todo, en las mujeres. Bajo este paradigma las personas habríamos de convertirnos en co-creadoras y co-productoras, al lado de la madre tierra. En este paradigma, para Shiva, el conocimiento no se posee, sino que se ejerce y crece con la actividad agrícola de la que todos participamos en el tejido de la vida. En la agricultura ecológica, los ciclos de la naturaleza se ven intensificados y diversificados para producir más y mejores alimentos, empleando menos recursos. En ella, además, las plantas que se desechan sirven de alimento para los animales de la granja y para el suelo.[9]
A la Ley de la Explotación, Vandana Shiva opone la Ley de la Devolución, que plantea que nada se desperdicia y todo se recicla. Su visión se centra sobre todo en los pequeños productores, muchos de los cuales se valen de criterios de agricultura tradicional (esa agricultura que, pese a la publicidad tecnocrática, es la que alimenta al 70% de la humanidad)[10], y cuyos sistemas ecológicos de alimentación se satisfacen, ante todo, en el ámbito local, donde se cultiva lo que se puede, se exporta lo que sobra y se importa lo que no se puede cultivar a escala local. Sin embargo, nuestro medio agrícola no sólo no parece sostenible a medio plazo, ni ecológica ni social ni económicamente, sino que va a acabar por devorarse a sí mismo, porque ya no orienta los alimentos a la nutrición humana sino, en muy buena medida al forraje animal o el uso industrial.[11] Al mismo tiempo, un concepto diferente de agricultura, a escala humana, habría de inspirar un tipo diferente de consumo.
De este modo, la agroecología se postula como una alternativa agrícola, medioambiental y ética, como unhorizonte verdaderamente comprometido con la gran transición.[3] Es decisivo dar pasos y que esos pasos respeten los grandes valores socioambientales de la agricultura: saber producir y hacerlo de forma cada vez más eficaz y más sostenible, cuidar y conformar de manera equilibrada el paisaje y contribuir a sostener el medio rural. Ello implicará, al mismo tiempo, proteger al agricultor y defenderlo de los abusos de las grandes empresas; ello supondrá también cuidarlo, pagando sus productos como se debe, pero sin olvidar a los asalariados del campo, que también esperan unas condiciones laborales, por fin, justas.
La transición de INEA a la agroecología: de intuición a conversión
La Escuela de Ingeniería Agrícola INEA (Valladolid, España) nació en los años 60 del siglo XX en plena efervescencia de la “agricultura eficiente”, que emplea grandes cantidades de insumos y que no se preocupa de los impactos medioambientales, sino de producir grandes cantidades que fueran asequibles para los consumidores. Productores y consumidores son las piezas más débiles de esta cadena; la fortaleza se halla en los transformadores y los comercializadores, que aportan “valor añadido” y, por lo tanto, obtienen importantes márgenes pagando bajos precios y vendiendo en grandes cantidades.
Nuestra Escuela de Ingeniería Agrícola se mantuvo en este paradigma hasta el 2005 y, como sucede tantas veces, fue una iniciativa colateral la que nos llevó a centrarnos en la agroecología como paradigma, no sólo en cuanto a producción sino también en cuanto a relaciones sociales y medioambientales. Un convenio con el ayuntamiento de Valladolid para promover huertos ecológicos para personas jubiladas de la ciudad en la finca de nuestra Escuela nos llevaría a la transformación. De la intuición, pasamos a la conversión de nuestra propia actividad, incorporando incluso esta perspectiva en nuestros planes de estudio, proyectos de investigación y participación en redes y grupos sociales.
Este enfoque tiene implicaciones en la gestión del suelo, la gestión del agua y la diversificación de cultivos, pero también en la integración de cadenas de valor alternativas y en modelos de negocio que mantienen prácticas adaptadas localmente y ofrece otras alternativas de mercado, tanto a los agricultores -y ganaderos-, como a los consumidores. Y aunque la producción de productos ecológicos ha crecido enormemente en toda la UE y están accesibles en supermercados y comercios habituales, la opción por la agroecología no quiere ser sólo un modo de producción, sino una convicción de sostenibilidad ambiental y de justicia social, como hemos ido viendo hasta ahora.
La primera transformación fue física y afectó a la biodiversidad de una finca de 30 hectáreas, que está bañada por el río Pisuerga, a lo largo de casi un kilómetro; con mucha vegetación de ribera. Al tener una parte de cultivos extensivos y de lindes, además de muchos árboles, alberga cientos de especies que conviven en el mismo espacio: unas terrestres, como los corzos, tejones, zorros, culebras, caracoles, ratones, conejos, etc., otras aéreas, como palomas, rapaces, patos, cigüeñas, urracas, mirlos, gorriones, jilgueros, etc.; y otras acuáticas, como barbos, cangrejos, carpas, lucios, etc. A ellos se une una tierra que lleva muy cuidada desde hace veinte años, lo que supone una extraordinaria abundancia de invertebrados y de vida microbiológica en el suelo.
En cuanto a producciones agrícolas ecológicas se pueden contar más de 60 productos. Muchos tipos de frutales como manzanos, cerezos, ciruelos, pistachos, almendros, avellanos, nogales, perales, frambuesas, moras, grosellas, fresas, acerolas, membrillos, melocotones. Muchos cultivos de huerta como tomate, pimiento, pepino, calabacín, calabaza, berenjena, patata, lechuga, acelga, kale, berzas y coles de todo tipo, melón, sandía, etc., además de cultivos extensivos de regadío, como leguminosas y cereales. También criamos gallina negra castellana y producimos huevos de esta raza autóctona.
Al albergar un proyecto de 430 huertos ecológicos, la interacción social es muy importante. Sobre todo, porque son personas mayores que disfrutan de la naturaleza y el huerto, pero también personas con discapacidad, inmigrantes, empleados, profesores y alumnos, visitantes que vienen a adquirir sus frutos. Se trata de un verdadero ecosistema social que cada día funciona con mayor intensidad.
Esta triada de biodiversidad natural, cultivada y humana, hace de esta finca un entorno único, con un enorme poder de sensibilización hacia el cambio de paradigma que esta sociedad necesita.
Y toda esta transformación también está animando nuestra espiritualidad, y la de muchos de los que se acercan a conocer esta conversión. Una espiritualidad, que, como repite el Papa Francisco, da primacía al tiempo sobre el espacio: tratamos de generar procesos: procesos de cambio, de transformación individual y grupal. Se trata de promover procesos adaptados a los ciclos naturales, sin forzarlos, respetando los ritmos, buscando el equilibrio, la armonía y la solidaridad. Y esta dinámica que reconocemos en la naturaleza intentamos aplicarla en retiros, ejercicios espirituales y encuentros diversos: facilitar el ritmo adecuado para el encuentro personal con Dios.
[1] https://agriculture.ec.europa.eu/system/files/2023-01/agricultural-outlook-2021-report_en_0.pdf
[2] A. Pedreño y P. Riquelme, “El trabajo asalariado agrícola en los territorios rurales españoles. Retos y oportunidades.”, en Mediterráneo económico Nº. 35, 2022
[3]Muñoz Rico, A., “Trabajo digno también para los campesinos extranjeros”https://elpais.com/planeta-futuro/3500-millones/2022-04-25/trabajo-digno-tambien-para-los-campesinos-extranjeros.html
[4] Véase Pedreño y Riquelme, pp. 268 y 274.
[5] Véasehttps://www.tierra.org/wp-content/uploads/2022/03/Alimentos-industriales_trabajo-precario.pdf .
[6]https://www.ccoo.cat/pdf_documents/Recerca%20AGREE%20complert%20versi%C3%B3_22_05_15.pdf
[7] Shiva, Vandana, Cosecha robada: el secuestro del suministro mundial de alimentos; Ediciones Paidós. (2003).
[8]Shiva, Vandana, ¿Quién alimenta realmente al mundo?, Capitán Swing, Madrid.(2017) pp. 27-41.
[9]FAO.The State of Food and Agriculture 2023.https://openknowledge.fao.org/items/ca815d26-c876-4d54-9e90-f34432442bf2
[10] G. Monbiot, “Can we feed ourselves without devouring the planet?”https://www.ted.com/talks/george_monbiot_can_we_feed_ourselves_without_devouring_the_planet?language=es .Del mismo autor, Regénesis. Alimentar al mundo sin devorar al planeta, Capitán Swing, Madrid.(2023) pp. 92-94.
[11]Campus de la Transition. Manuel de la Grande Transition,2020.https://campus-transition.org/wp-content/uploads/2021/01/Intro_Sommaire_manuel_grande_transition.pdf
Félix Revilla SJ, Director y Profesor de la Escuela de Ingeniería Agrícola y Agroambiental, INEA, y miembro del Grupo de Trabajo de Ecología Ana Leal - Área de Ingeniería, Universidad Pontificia Comillas, Valladolid, España.
Pedro Piedras, Profesor de la Escuela de Ingeniería Agrícola y Agroambiental INEA, y miembro del Grupo de Trabajo de Ecología Ana Leal--Área de Economía, Universidad Pontificia Comillas, Valladolid, España.
José Ignacio García SJ, Director de Cristianisme i Justicia (Barcelona), y Ex-profesor del INEA, miembro del Grupo de Trabajo de Ecología Ana Leal, Universidad Pontificia Comillas, Valladolid, España.
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