Libres de elegir si migrar o quedarse ¿Un horizonte posible?
Abstract
Me detengo en las próximas líneas en una caracterización de las principales novedades de la migración forzada en el continente, sin embargo, cabe afirmar que la mayoría de estas tendencias son prácticas o realidades generalizadas en otra zonas del planeta. Las tendencias que les compartiré a continuación se caracterizan por su permanencia y su crecimiento constante.
El lema que propone el Papa Francisco para la jornada mundial del migrante y refugiado del 2023 es “Libres de elegir si migrar oquedarse” Durante el 2021 al 2022, en un trabajo de investigación conjunto de red, de las Conferencias de América Latina y El Caribe y de Canadá Estados Unidos, en el que nos implicamos universidades, observatorios de derechos humanos, obras especialistas en Migración y Refugio y personas migrantes de varios países, actualizamos una radiografía sobre la situación de la Migración Forzada en el Continente.
Lejos de concluir este proceso de investigación en la línea del lema propuesto desde el Vaticano, nuestra conclusión nos lleva más a configurar la situación de la migración forzada en la región como un callejón sin salida.
En primer lugar, porque se profundizan las violencias-causas que suponen factores de expulsión, en segundo lugar, porque crecen significativamente los obstáculos para migrar, tanto desde las políticas y prácticas migratorias, como desde los riesgos a los que las personas migrantes forzadas deben enfrentarse. Sin embargo, las estadísticas constatan que la migración no ha parado ni parará en el corto y medio plazo. Nadie debería migrar para salvar su vida, sin embargo, esa es la realidad que acompañamos
Me detengo en las próximas líneas en una caracterización de las principales novedades de la migración forzada en el continente, sin embargo, cabe afirmar que la mayoría de estas tendencias son prácticas o realidades generalizadas en otra zonas del planeta. Las tendencias que les compartiré a continuación se caracterizan por su permanencia y su crecimiento constante.
La primera es que estamos en un contexto de la migración forzada de constantes cambios; donde los flujos se han globalizado, tanto intrarregionalmente como con mayor presencia de flujos extracontinentales; por ejemplo, sólo en el último año, más de 100 nacionalidades distintas han atravesado la Selva del Darién, uno de los lugares más complicados en toda la ruta migratoria.
Este incremento de los flujos migratorios forzados se da al menos en tres términos: volumen, diversidad y multidireccionalidad. Así, su naturaleza mixta, la zona gris, se ha profundizado en la medida que se profundiza la multicausalidad que provoca la migración, las distintas violencias, las que definitivamente no nos hacen libres de decidir si migrar o quedarnos. Esta multicausalidad dificulta a los actores de la Iglesia y de la Sociedad Civil, tanto el acompañamiento de las personas, como su categorización, lo cual tiene consecuencias en los procesos de regularización o de acceso a la protección internacional. Entre las nuevas violencias, nadie puede negar ya cómo la injusticia climática, vinculada con las consecuencias del cambio climático acelerado por un modelo económico depredador, crece como factor de expulsión de personas y comunidades enteras.
Se han generado mayores procesos de segundas y terceras migraciones consecuencia no solo de las mismas causas original, sino también del rechazo social o del empeoramiento de las condiciones para la integración y, especialmente, de las políticas que buscan el desistimiento y el fracaso migratorio.
Se han impuesto políticas migratorias restrictivas que se fundamentan en la contención, la detención, la militarización y la deportación. Más allá de la retórica, lo cierto es que la cooperación entre los estados, principalmente, está enfocada a fortalecer dichas políticas y prácticas restrictivas.
Entre la profundización de las causas-violencia, identificamos un aumento de de aquellas que requerirían protección internacional, a pesar de ello, identificamos un retroceso y un colapso en los sistemas de asilo y en el reconocimiento de la condición de refugiado; sí han aumentado espectacularmente las solicitudes en los últimos años, pero no así la inversión y la voluntad de darle una respuesta efectiva a esa evidencia;
Desde la profundización de las causas-violencias y de las políticas restrictivas que proliferan los destinos no deseados, los tapones migratorios, el atrapamiento, podemos afirmar que existen migrantes doblemente forzados, forzados a huir y forzados a residir en un lugar no deseado,
Las restricciones políticas empujan a que cada vez las personas migrantes deban asumir mayores riesgos, entre ellos enfrentar el crimen organizado, que fortalece su control migratorio como un negocio lucrativo. Un negocio criminal que en no pocas ocasiones se favorece de la pasividad o se sostiene en la impunidad o directamente en la complicidad de actores públicos; aquí la trata, en todas sus formas, y el tráfico nos escandalizan de manera muy especial.
Los retos de integración se encuentran con una gestión pésima de la convivencia en los lugares de destino o comunidades de acogida; se alimentan desde los poderes públicos y mediáticos climas sociales de rechazo, de estigmatización y criminalización del migrante que con base en información falsa genera respuestas xenófobas, y frente a algunos grupos racistas.
La situación en la que se encuentra la migración forzada en las Américas va tendiendo a ser una creciente emergencia humanitaria que exige soluciones audaces con mucha urgencia.
A pesar del incremento de todos estos obstáculos que hemos repasado, sigue siendo posible migrar. A veces esta posibilidad de migrar viene dada por algunas oportunidades legales que favorecen regularización, acceso a derechos y/o protección. En mayor medida sigue siendo posible migrar por el aporte de organizaciones humanitarias y de la sociedad civil -incluida la Iglesia-, también porque a pesar del crecimiento de la hostilidad ante la persona migrante, siguen existiendo espacios de resistencia popular de la hospitalidad que nos siguen sorprendiendo y dando esperanza en tantas comunidades de tránsito y acogida. Pero si sigue siendo posible migrar, las razones principales solo las podemos explicar por la resiliencia, la audacia, la creatividad y la voluntad de las personas migrantes forzadas empeñadas en vivir.
Las organizaciones de la Compañía de Jesús que trabajamos en clave de red en las dos conferencias jesuitas americanas, compartimos desde hace tiempo esa propuesta del dicasterio vaticano, soñamos con que las personas puedan abordar la acción de migrar como un derecho, ser realmente libres de elegir si marchar o quedarse. Algunos fundamentos necesarios para que este deseo y esta esperanza se concreten pasan por un trabajo decidido que enfrente las causas que fuerzan la migración como una única opción viable para tantos millones de personas en el mundo, por establecer procesos de tránsito seguros, por comprometernos en que la migración pueda estar protegida a través de la información confiable, por establecer mecanismos justos de regularización, acceso a derechos y protección, por insistir en el cambio de narrativas que conozcan y reconozcan el aporte tan valioso que la migración trae consigo, por favorecer procesos reales de integración en las comunidades de acogida, entre otras.
El lema que propone el Papa Francisco es una llamada a la conversión que nos compromete a todos.
Les animamos a conocer a fondo esta investigación, que aborda también recomendaciones específicas para los distintos ámbitos que alcanza. Pueden acceder a ella en sus versiones en inglés, español y portugués.