EJEMPLOS de SANIDAD MENTAL
Abstract
El artículo escrito en 1994.insta a los jesuitas a ser más conscientes del medio ambiente y a tomar medidas locales y prácticas para hacer frente a la crisis ecológica mundial. Hace hincapié en la ecoespiritualidad arraigada en la solidaridad con los pobres y con la Tierra, y fomenta el discernimiento y la humildad. Los jesuitas pueden contribuir a sanar la Tierra a través de la justicia, la interrelación y la conservación.
Todos los jesuitas son conscientes hasta cierto punto de la crisis global del medio ambiente. Algunos viven en lugares donde la contaminación del aire y del agua es aguda, mientras que otros padecen el deterioro de las condiciones requeridas para mantener la vida. Estos no necesitan que nadie les hable de los problemas del entorno. Otros en cambio vivimos más inmunes debido a la ubicación o tipo de nuestro trabajo. Pero lo que todos los jesuitas necesitamos es que se nos impulse a hacernos más sensibles al entorno y hacer a la Compañía mejor instrumento en esta crítica hora. Lo que realicemos individualmente cambia conforme a nuestra condición y situación física. Si gozamos de buena salud, procuramos conservar los recursos, evitar dispendiosas prácticas consumistas, y concientizar a otros sobre la necesidad de preservar nuestro precioso y frágil planeta. Aunque no es siempre fácil, nos hacemos más conscientes del ambiente por medio de prácticas diarias, exámenes periódicos y la reflexión de los ejercicios anuales.
Más difícil resulta articular e implementar la práctica colectiva de la Compañía. Si somos realistas, no podemos admitir la tentación al pesimismo y decir que la crisis es insuperableC para así racionalizar una retirada fatalista. Tampoco podemos ser excesivamente optimistas y esperar que otros resuelvan estos problemas, o confiar que la Tierra pueda curarse a sí misma. Igualmente, proclamar que una mayor conciencia traerá la solución es también ingenuo. Una auténtica eco-espiritualidad jesuítica debe basarse en la Tierra, encontrar su fuerza curativa más allá de nosotros mismos, y estar dispuestos a emplear toda la panacea de nuestro arsenal espiritual en el trabajo que tenemos delante. Nuestros antecesores no se imaginaban que el hombre pudiera dañar gravemente a la Tierra. La estamos dañando. Tampoco percibieron las fuerzas capaces de curar a nuestra Tierra herida. La podemos curarC con la gracia de Dios y nuestra disposición para trabajar juntos. Pedimos a Dios que nos dé la capacidad de tocar el borde creador que cura la Tierra, sufrir con Jesús y los pobres de la Tierra, y generar un entusiasmo lleno de Espíritu para que todos usen sus talentos en la tarea de curar nuestra Tierra herida. Dicho de otra forma, nuestra ecología debe ser profundamente Trinitaria.
Renovación comunitaria
)Debería nuestro eco-apostolado dejarse influir por profetas de desgracias y catástrofes? )Deberíamos buscar nuevas expresiones de eco-espiritualidad que ignoren o descuiden nuestras tradicionales preocupaciones sociales? )Deben nuestras comunidades locales cuestionar su nueva prosperidad y la consiguiente insensibilidad por los pobres? )Deberíamos trasladar el centro de nuestra tradicional perspectiva cristocéntrica a una especie de Gaia o visión de la Tierra? El pánico del momento nos tienta a tomar decisiones apresuradas.
Espíritu de discernimientoC El actual problema ecológico no puede abordarse sin un corazón que discierna y, menos aún, sin una comunidadC la de la Compañía universal y la localC que discierna. Nuestras soluciones tienen que ser esperanzadas, prácticas, que puedan aplicarse, no pronósticos de desastre. Soluciones esperanzadoras requieren paciencia, tiempo y aplicación al trabajo; no llevan a acusar a otros ni son de ordinario tan dramáticas como las estadísticas de bosques destruidos, desgaste de ozono, o predicciones de recalentamiento global. Requieren un sano despertar a los problemas ecológicos y a las soluciones que curen la Tierra. Con todo, es muy fácil que a los jesuitas nos ridiculicen quienes preferirían que no nos metiéramos en asuntos del medio ambiente. Es preciso comprender y aceptar que, en el corazón de esta curación de la Tierra, está la llamada a un profundo cambio de nuestro orden social y que el camino puede ser difícil.
Evaluaciones de los recursos ambientalesC Las comunidades locales tienen que simplificar la vida para resplandecer como faros de sanidad mental en un mar de excesivo consumismo. Necesitaríamos programas de emergencia para que nuestras comunidades estén en sintonía con los pobres del mundo. Así como los individuos necesitan hacer un examen diario, también las comunidades necesitan hacer evaluaciones periódicas de sus recursos ambientales, a saber, una evaluación del uso que la comunidad hace del espacio interior, extensión y naturaleza ornamental del terreno exterior, trato de los desperdicios y reutilización de materiales, reciclaje de material, fuentes y conservación de energía, recursos y conservación de las aguas, preparación y preservación de la comida, entorno interior y uso químico, trasporte, protección de la vida silvestre, y relaciones de la comunidad con respecto al ambiente. Estas evaluaciones pueden hacerse a nivel local, pero la presión de los compañeros puede obstaculizar un análisis que valga la pena[1].
Tecnología apropiadaC El arreglo de la Tierra comienza por la propia casa. Hace falta usar los recursos con más ahorro y más estima de los métodos más tradicionales, menos sofisticados, más humanos y más comunitarios de usar la energía, cultivar cosechas, construir, y arreglar desperdicios. La Compañía puede reafirmar estos métodos, sobre todo a la luz de la conferencia celebrada en Baroda, India, en 1988, sobre tecnología apropiada[2]. Los pioneros de todas partes del mundo necesitan el apoyo que pueda darles la Compañía. Con nuestra red internacional podemos dar un impulso decisivo a la investigación educativa y el uso de comunicaciones en colaboración con otras personas de buena voluntad.
Orientaciones para curar el entorno
Una eco-filosofía no puede proclamarse primero para ponerla en práctica después. Una experiencia vivida de nuestra Tierra enferma viene con sus imperfecciones y requiere una creciente reflexión y reaplicación. Para que nuestra conciencia ecológica se desarrolle, tenemos que volver a poner la atención en Jesús paciente y resucitado. Esto se hace de varias maneras:
* Extendemos nuestra solidaridad con los pobres más allá del hombre para incluir a todas las criaturas pobres de la Tierra con las que estamos estrechamente relacionados. Con excesiva frecuencia los ambientalistas son señores ricos que desean preservar su propio ambiente. Nuestras preocupaciones son más vastas. Los pobres claman eco-justicia, esto es, libertad de la contaminación atmosférica y la comida y agua contaminadas, un puesto seguro para vivir y trabajar, y un entorno sano en que gozar de la vida. El jesuita está llamado a ponerse a la cabeza de cuantos quieran trabajar junto con los pobres en pie de igualdad. Este llamamiento a una colaboración más amplia es Buena Nueva.
* Nuestra Compañía debe escuchar y aprender. La nuestra es una organización masculina y debe reconocer que en eso de curar las mujeres van en cabeza. Es todo un desafío escuchar con humildad y aprender de los más sintonizados con la curación de la TierraC a saber, la mujer. )Estamos dispuestos a aprender de ellas, que, por la razón que sea, están más en sintonía con lo ecológico? Esta postura de aprendices es incómoda para jesuitas, religiosos y gente de iglesiaC pero forma parte de una renovación que incluye curarnos a nosotros mismos de una manera muy profunda.
* Nuestra Compañía, aun manteniendo su objetivo global, debe caer en la cuenta de que el curar la Tierra es primariamente un quehacer local. Es corriente hablar de*pensar globalmente y actuar localmente+, pero deberíamos pensarlo más profundamente. Pensar globalmente tiene su mérito, pero sin actuar antes localmente nuestra preocupación global será demasiado vaga. Conocer y efectuar el cambio a nivel local nos permite ser realistas al colaborar con otros y reconocer la complejidad de los problemas ambientales. La creciente interacción de los grupos locales nos hace caer en la cuenta de la profunda interrelación de los problemas de la Tierra y nos ayudan a adquirir una conciencia global.
Invitación al Calvario
Jesús es nuestro modelo ecológico perfecto. Nuestro cristocentrismo no es un estorbo sino una oportunidad para proclamar la resurrección. Hablamos de la persona de Jesucristo, no de un vago sentimiento de que*Cristo+ está identificado con la Tierra. La glorificación de Gaia-Tierra debería ponernos nerviosos respecto a una eco-espiritualidad que no sabe distinguir los buenos de los malos espíritus. Los jesuitas discernimos nuestras acciones por medio de la oración y una más profunda comunicación con el Jesús que sufre en y con los pobres. Nuestros instrumentos tradicionales del Apostolado de la Oración y la devoción al Sagrado Corazón pueden encerrar una dimensión ecológica. )Por qué no exhortar al creyente que sufre a caer en la cuenta de que su sufrimiento puede ayudar al advenimiento de un Cielo Nuevo y una Tierra Nueva?
Los dones ecológicos de la Compañía
El Espíritu nos impulsa a redescubrir los dones que necesitamos para combatir nuestra época materialista. Aceptar los dones que hemos recibido del Espíritu es aceptar la grandeza de la generosidad divina a la Compañía. Estos no son dones exclusivosC pues todos son dádivasC pero sí singulares. Hoy se necesitan todos los dones espirituales para una ecología global más sana. La espiritualidad de la Compañía puede hacer una aportación al nuevo Edén igual que el estilo de vida franciscano y las comunidades benedictinas sostenibles. He aquí algunos de estos dones de la Compañía:
* El discernimiento de espíritus es de absoluta necesidad a todos los niveles de la reflexión ecológica. Lo necesita el falso deseo de ser universal y serlo todo para todos. )Podemos discernir con y entre gente seria que no todo lo que se llama*espiritual+ (o eco-espiritualidad) proviene del buen espíritu? Las nuevas espiritualidades requieren una evaluación crítica:)son egoístas o altruistas? )Se interesan por todos, especialmente los pobres? )Son estas espiritualidades dependientes de Dios o manifiestan independencia humana? También se precisa discernimiento para averiguar cómo debe hacerse el cambio ecológico, fijar prioridades, disminuir la degradación de la Tierra de manera efectiva.
* El Principio y Fundamento habla de usar las cosas necesarias para nuestro fin y de desprendernos de las superfluas. Para ser un consumidor consciente de la conservación en un mundo de consumismo arrollador, en donde la diferencia entre lo necesario y lo superfluo se borra, se impone un discernimiento práctico. La práctica de esta regla abre la puerta a un uso ambientalmente más benigno de los recursos, por ejemplo, las fuentes de energía renovable como la solar, técnicas de cultivo*orgánicas+, y uso repetido de materiales de empaquetamiento.
* Sentir con la Iglesia va más allá de la lectura y reflexión sobre los documentos pontificios o las declaraciones de las conferencias episcopales en materia de ecología. Comporta la asimilación del espíritu que las anima, de sensibilidad a los pobres y los que sufren, algo que con frecuencia falta en la literatura profana. El llamamiento a esta sensibilidad se encuentra en nuestras tradiciones bíblicas y eclesiales más profundas y tiene que extenderse más allá de las comunidades humanas para incluir todas las especies de plantas y animales amenazadas. El llamamiento está tomando cada vez más profundidad e incluye la responsabilidad por estas criaturas y la misma Tierra. En nuestro tiempo este llamamiento abraza las demandas de purificación permanente de la mente y el corazón para que actuemos con cordura y rectitud.
Una visión
Como Compañía esperanzada, estamos inciertos del resultado inmediato y a la vez ciertos de que todo contribuirá a la gloria de Dios. Si la Tierra está herida, espera su plenitud con gemidos interiores. En la visión de la Trinidad se nos llama a participar en esta gran empresa, esto es, a ser co-creadores de esta Nueva Tierra, a estar unidos en el misterio redentor del Cristo paciente, y a difundir el Espíritu vivificador por medio de una gran variedad de dones y talentos. Proclamamos los principios ecológicos estrechamente enlazados de: la bondad fundamental y mutua relación de toda la creación (uniéndonos con otros para declarar que todas las cosas creadas son buenas no despilfarrándolas), la conservación de toda actividad humana (ofreciendo sacrificios por la curación de la Tierra), y la inmensa diversidad y salud de diferenciación de nuestro mundo, lleno del poder del Espíritu (promoviendo las diversas expresiones de la curación ecológica en formas como el humor, el testimonio profético, administración e investigación).
Interrelación, conservación de recursos, y diversidad son parte de la ecología trinitaria que nos llama a una oración más profunda en la que encontremos nuestros poderes creativos interiores, concedidos por Dios, que pueden permitirnos seguir adelante trabajando con gente de buena voluntad. En nuestro cristocentrismo proclamamos con palabras y hechos que la sangre de Jesús cae en tierra santa, extendida ahora a todo el planeta. En nuestro trabajo dirigido por el Espíritu animamos a nuestros hermanos a usar la enorme variedad de sus talentos, dones y experiencias para curar la Tierra y proclamar la presencia del Espíritu en medio de nosotros.
[1] Este autor ha ayudado a realizar 75 de estas evaluaciones en muchas partes de los Estados Unidos, casi la mitad para comunidades femeninas (granjas, asilos, casas de ejercicios, colegios, curias), pero ninguna para religiosos varonesC aunque lo hemos intentado.
[2] El informe de la Convención en inglés se puede pedir al Secretariado de Justicia Social.