Una noche de confluencia llena de gracias
Sábado por la noche, una noche para la ORACION POR LA PAZ. Caminamos orando por la noche, recorriendo calles y avenidas donde los migrantes y las mujeres víctimas de la trata esperan a los clientes en Geylang, Singapur. Estamos tomando parte en una iniciativa de las Franciscanas Misioneras de María, apoyada por la Asociación de las Superioras y Superiores Mayores de Malasia, Singapur y Brunei, para responder a la trata ilegal de personas, una moderna forma de esclavitud.
La noche empieza con una para-liturgia, donde experimentamos una convergencia de espíritus y de corazones inundada por la gracia de Dios. Un grupo de 16 personas - jóvenes y profesionistas maduros, hermanos, sacerdotes y religiosas de varias congregaciones: Franciscanas Misioneras de María, Buen Pastor, Orden de los Hermanos Menores, y jesuitas - estaba cómodamente sentado alrededor de una mesa. Nos paramos un momento para ver cómo hacer la oración de apertura y el compartir.
Lo que Mal nos dijo encontró eco en muchos de nosotros. Es una joven profesional de Ministry of Society and Family (MSF). "La mayoría de mis amigos y amigas una noche de sábado como ésta estarán gozando de una fiesta, en un pub, y me han invitado a hacer lo mismo". Y añadió: "Pero mis padres apoyan mis opciones. Yo también tengo una vida y quiero dar y compartir el amor incondicional de Dios con esas chicas por las calles de Geylang". Compartió sus experiencias diciendo que a menudo invita a sus amigos a que vean el lado herido de esas chicas en la industria del sexo. Desea que más jóvenes se unan a esta iniciativa, que vean y se sientan "seducidos" por Dios por esta senda llena de consuelo, de asombro, y sobre todo, de sorpresas.
Otros también compartieron su experiencia. "Desde que he asistido hace un año a la ORACION POR LA PAZ, me he planteado muchas preguntas y una búsqueda interior. He podido llegar a comprender algo que ha enriquecido mi vida como franciscano." "Desde que mi congregación nos ha invitado a traducir la proximidad a los pobres en un apostolado los fines de semana, me siento urgida a volver a los márgenes, a encontrar a Dios en esas chicas obligadas a entrar en esa industria de explotación." "He venido porque alguien me ha invitado. Lo que he visto me ha tocado profundamente y quisiera tener otra experiencia."
La llegada improvisa de las brigadas especiales de lucha contra la delincuencia siembra el pánico en las avenidas en la última parte de nuestro caminar. Las mujeres que estaban desfilando por las calles se refugian rápidamente en las casas y sus explotadores cierran rápidamente la puerta de entrada. Las mujeres son tratadas como mercancías, productos para sacar de la vitrina y escondidos de la vista durante la redada. Es algo degradante e inhumano, una vista angustiosa que llena el corazón de dolor.
Un Viejo explotador de origen chino de Singapur comparte sus sentimientos que le surgen de la bondad de su corazón: "No es posible seguir así. Debemos hacer todo lo que podemos para aliviar su sufrimiento. Hacen esto por la pobreza que viven en sus países. Ganaban tan poco que tenían que compartir entre 4-6 personas una botella de agua. Sus vidas son sumamente miserables."
Por otro lado, la noche estuvo marcada por dos momentos fuertes de la irrupción de Dios, cuya huella sigue indeleble.
Después de haber recibido con profunda gratitud el paquete de bombones, una mujer de Singapur de origen indio se levantó de su silla, tomó a dos de nosotros delicadamente por la mano e improvisó una oración de bendición: "Bendice, Señor, a todos los hermanos y hermanas cristianas que traen al Espíritu en medio de nosotros. Espíritu Santo, llena sus corazones, bendícelos mientras esta noche van distribuyendo los dones de amor." La 'misión en favor de las mujeres' se ha vuelto una misión a la inversa. Ella afirmó su dignidad y, según la costumbre de los hindúes, derramó las bendiciones de Dios sobre nosotros. Nos dijo que había leído toda la Biblia, excepto el libro de la Revelación.
Verdaderamente, Dios nos ha sorprendido a través de esta mujer que ha superado en gran medida la generosidad de los mensajeros de la ORACION POR LA PAZ. El dador de los dones ahora se convierte en receptor de las bendiciones de quienes están en los márgenes de la sociedad.
En otra calle donde las mujeres vienen de China, una de ellas pide un segundo paquete. Se lo damos y pregunta: "¿Le puedo ofrecer una bebida fría?" Le decimos que 'sí' y salta de gozo mientras nos pasa la botella. Sí, por seguro, hay una confluencia, un flujo de gozo entre nosotros. Las mujeres destapan una latente capacidad de llenar nuestro corazón de asombro mediante este encuentro personal. Empezamos con ellas una breve conversación que termina con abrazos para las mujeres de la ORACION POR LA PAZ. Este gesto afirma su inherente capacidad como mujeres de soportar el estigma social y la violencia del mal sistémico del tráfico humano ilegal.
Este apostolado social, llevado a cabo con regularidad, tiene un gran potencial. Muchos han venido y visto; algunos se han quedado, y algunos se han ido. Geylang es un espacio privilegiado donde los que vienen de fuera experimentan periódicamente al Dios nacido en los márgenes de la sociedad, en un pesebre, y que en su adultez fue rechazado por la sociedad a causa del radicalismo de su mensaje sobre el Reino que trascendía fronteras, el reino de la compasión, de la justicia y de la misericordia, de un estilo de vida lleno de amor, y de un corazón profundamente radicado en el amor por Dios y el prójimo.