Testimonio

¡Los milagros ocurren!

Los presos en el único 'centro de detención' que visito una o dos veces al año, despierta en mí sentimientos profundos y toca mi corazón. Mi visita constituye siempre un momento especial para mí.

Los presos son personas afectadas por las leyes de Eslovenia y las directrices europeas sobre migración en Eslovenia, que es uno de los países de Europa que forman parte de los países de Schengen.

Encontrarme con ellos me brinda la posibilidad de ofrecer unas cuantas palabras de esperanza y de consuelo cuando se sienten desanimados o abatidos por las duras condiciones que padecen en el centro de detención. Escucharlos y expresarles mi comprensión y compasión me llena de paz. Al tratar de ser testigo del amor de Dios para con todos, independientemente de la raza, de la religión o de la nacionalidad, vivo momentos de gran serenidad y paz interior.

Me gusta encontrarme con la gente y llevo más de 6 años visitando este centro de detención. Encontrar a los detenidos de todos los rincones del mundo es un privilegio y al mismo tiempo un reto. Me he encontrado con gente de Asia, África y Europa, la mayoría ciudadanos no europeos. Desde que volví de la tercera probación en Chile, tuve la sorpresa de encontrarme con un chileno con quien poder hablar. Me enteré de que había sido capturado por la policía en Eslovenia. No me hubiera imaginado nunca encontrar a nadie de Chile en un centro de detención en Eslovenia.

Me quedo siempre atónito al escuchar las respuestas a mi pregunta: '¿Por qué la gente elige pasar por Eslovenia de camino hacia otros países europeos?' Eslovenia sigue siendo considerada por muchas personas como lugar de tránsito hacia los otros países Schengen en Europa como Alemania, Italia y Francia donde muchos detenidos tienen parientes y amigos. Llegan esperando obtener un trabajo en estos países, sin haberse enterado de la profunda crisis que Europa está atravesando en estos momentos. Algunos decían que ni siquiera sabían dónde estaba Eslovenia cuando la policía los cogió en este pequeño país con algo más de dos millones de habitantes. Al no tener documentos (válidos), los llevaron al centro de detención para poderlos identificar y posiblemente deportarlos hacia varias destinaciones.

Todos los detenidos tienen su propia historia de vida para compartir. Sin embargo, cuando la policía los detuvo y los envió al centro, esto parece haber interrumpido y bloqueado su camino de vida. Están estancados en el centro, que se asemeja para ellos a una cárcel porque no tienen la libertad de moverse e ir a otro sitio. No saben qué hacer con su vida que ven interrumpida por restricciones nunca sospechadas. Algunos se sienten desconcertados: estaban tan cerca de su destino, pero no han podido alcanzarlo. Otros están llenos de esperanza y dicen que Dios los ayudará a superar todos estos obstáculos. Se sienten obligados a afrontar esa dura vida en el centro de detención mientras esperan semanas, y a veces muchos meses, antes de ser liberados de esta esclavitud. Acompañar y ponerme al servicio de estos detenidos en medio de su tristeza, fragilidad, desánimo, rabia, fracaso, en breve una situación de completa vulnerabilidad, ha sido una rica experiencia de aprendizaje para mí y para otros voluntarios con quienes trabajo.

Me desconcierta ver a tantos hombres de Afganistán que dejaron su país en búsqueda de paz y de mejores condiciones de vida. Me siento profundamente conmocionado al oír jóvenes afganos que comparten cómo han afrontado muchas dificultades - arriesgando hasta su propia vida - de camino hacia esa 'tierra prometida' llamada Europa. Solamente Dios sabe cuánta gente ha muerto de camino hacia Europa. Pensando en Afganistán, me pregunto ¿cómo un país puede progresar y desarrollarse después de haber pasado por tantas décadas de guerra? ¿Cuándo va a llegar a ese país la 'verdadera paz'? ¿Cuándo podrá la gente elegir su propio destino? El único camino adelante es trabajar para soluciones justas y duraderas para todos.

Un milagro especial ha ocurrido en el centro de detención en 2008, cuando se abrió por primera vez en Eslovenia una sala para el silencio, poniéndola a disposición de todas las denominaciones religiosas para la oración. Yo me ocupo sobre todo de los católicos, pero a esta sala acuden también musulmanes y seguidores de la Iglesia ortodoxa. Los 50 km que separan el centro de detención de la capital de Eslovenia, Liubliana donde vivo, me dan la posibilidad de reflexionar y rezar por estas personas para que puedan aguantar mejor su estancia en el centro de detención, para que Dios les muestre una solución. Muchos se vuelven más espirituales cuando ven a otros que rezan para obtener fuerza, luz y esperanza. El amor de Dios inspira otros corazones a buscar y a encontrar a Dios - hasta en el centro de detención.¡Sí, los milagros ocurren también aquí!

Robin Schweiger SJ

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Publicado por SJES ROME - Coordinador de Comunicaciones in SJES-ROME
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El SJES es una institución jesuita que ayuda a la Compañía de Jesús a desarrollar la misión apostólica, a través de su dimensión de promoción de la justicia y la reconciliación con la creación.