Cómo educar a los niños migrantes y cuidar de la Madre Tierra
Siendo joven escolástico lleno de celo, y más tarde como joven sacerdote de la Provincia de Gujarat, India, reflexioné sobre cómo comprometerme de manera más significativa manteniendo vivo el magis, 'el fuego' de un jesuita. No ha sido fácil encontrar sentido a mi llamado y articularlo a mi manera. Esa búsqueda personal, esa lucha y el discernimiento que la acompañó me llevaron a educar a los hijos de trabajadores migrantes y, al mismo tiempo, a cuidar de la Madre Tierra. No se trata, realmente, de un nombramiento hecho por la Provincia o de una tarea que la Provincia me ha confiado. Más bien es el fruto de una cruzada de un espíritu rebelde para descubrir el significado del magis. Y lo encontré en el Xavier Centre for Migrant Workers (XCMW) en Vadodara, India.
Durante mi ministerio sacerdotal en varios lugares, había sentido un llamado a trabajar con trabajadores migrantes, los verdaderos héroes, aquellos que facilitan la vida urbana a la clase más rica de la sociedad que vive en las ciudades, mientras que ellos viven al borde de la carretera, luchando para cocinar su 'rotlo' (comida) al aire libre. Ellos son los que embellecen la ciudad, volviéndola resplandeciente, proporcionando a lo largo de un tiempo determinado todos los servicios cívicos, mientras que no solo están a la merced de los demás para que se les dé un vaso de agua, sino que además la gente acomodada los considera como un estorbo. No tienen asistencia médica, los hijos no están escolarizados y la situación de esos migrantes es realmente desesperante.
Después de haber experimentado algo da vida de los trabajadores migrantes, y haber meditado sobre mi compromiso como jesuita, empecé lentamente a comprender y a sentir un intenso deseo de trabajar más cerca de ellos y para ellos. Leí casi por casualidad un artículo del Padre Kolvenbach, ex superior general de la Compañía, enunciando los criterios para elegir un apostolado. Dice así: "Uno de los criterios más importantes que nuestras Constituciones nos dan es que deberíamos ir allí donde viven los más marginados, deberíamos estar con aquellos de quienes nadie se ocupa, y que no interesan a nadie". (PJ 80, 11 abril 2003). Esta observación confirmó mi llamado a darme a esta misión.
Los migrantes que vienen de las aldeas rurales y se acercan a la jungla concreta de las ciudades, encuentran muchas dificultades. Pensé que yo tenía que encarar este problema a mi manera. Así que empezamos con desarrollar el área, 39 hectáreas cubiertas de arbustos espinosos y vegetación salvaje convirtiéndola en una tierra de lagos, canales de agua, árboles y tuberías para conservar y regar mejor la tierra. Se trazaron caminos con árboles plantados en ambos lados. Más de 50.000 árboles que hoy crecen, siendo algunos de ellos bien conocidos como frutos y plantas medicinales. Muchos amantes de la naturaleza, científicos del medioambiente y estudiantes universitarios, visitan nuestro centro para aprender sobre bio-diversidad y sobre las técnicas que se emplean para salvaguardar la naturaleza. 207 niños, hijos de trabajadores migrantes, van a la escuela y viven en ese lindo entorno.
Trabajar con los trabajadores migrantes, y especialmente educar a sus hijos en el corazón de la Madre Tierra crea un lazo inseparable. Y esto porque para los trabajadores migrantes que vienen de zonas rurales, todo, en el ciclo de la vida, desde el nacimiento hasta la muerte: creencias, religión, culto, comida, todo repito está enlazado con la naturaleza. Lamentablemente, los procesos de desarrollo están destruyendo la naturaleza y los trabajadores se ven obligados a dejar su medio ambiente natural e ir a la jungla urbana. El ocuparme de esos migrantes marginados y explotados ('opción radical por los pobres') y, al mismo tiempo, cuidar y alimentar la Madre Tierra me sirven de guía y de rasero para entender mi misión. Porque de hecho es imposible separar el cuidado por los seres humanos y por la Madre Tierra; son dos caras de la misma moneda, o como los dos elementos que componen el agua; hidrógeno y oxígeno.
Al trabajar con trabajadores migrantes y al educar a sus hijos, me he dado cuenta de que debo ser paciente y muy motivado para continuar la misión. Su falta de interés y de motivación a menudo son para mí un reto para continuar, sin embargo mi vida y mi interacción con ellos, y el discernimiento ignaciano, me dan motivos para hacerlo. La tarea de convertir un terreno salvaje en un paraíso ecológicamente rico y vivible no ha sido fácil y ha sido necesario trabajar duro, físicamente hablando. Pero, mi decidida e incansable convicción de mi llamado ha sido la fuente de energía para afrontar esas dificultades y retos. Hoy me siento satisfecho y realizado, por lo menos en parte. He tenido que afrontar muchos retos en la misión para poder alcanzar mi sueño, pero esos retos me han ido haciendo y han fortalecido mi identidad y compromiso como jesuita.
Durante mi trabajo o interacción, nunca he hablado de Jesús o del cristianismo, de no ser que me lo hayan pedido los migrantes, los asociados, el personal del centro o los visitantes y los huéspedes. Pero he hablado siempre de los valores humanos que unen a todos los seres creados como una única creación que tiene una única Fuente. Es posible que este enfoque a la evangelización difiera de la forma tradicional. Pienso que menos hablo del cristianismo y de Jesús y más la gente quiere saber cuál la fuente de mi inspiración y energía para continuar la misión. Este enfoque ha ido evolucionando de manera espontánea. La mayoría de amigos y bienhechores de la misión han descubierto en mí un sacerdote insólito y poco convencional y esta percepción los ha acercado más.
Hoy los trabajadores migrantes interactúan con la misión y envían a sus hijos al Centro con un rayo de esperanza, con interés, y con la secreta esperanza de que un día sus hijos también tengan una posición destacada en la sociedad. Hay un estudiante de un templo vecino que está estudiando en nuestra escuela para ser el futuro jefe de otro templo.
Es interesante notar que de todos los lugares donde he trabajado como jesuita éste es el único por el cual he recibido espontáneamente ayuda financiera y material de laicos, cristianos y no. La facultad de Ciencias Sociales de la MS University, Vadodara, con personalidades destacadas de entre los 'amigos de Israel' ha iniciado un programa para recaudar fondos a favor de la educación de los niños que están estudiando en nuestro Centro.
Y para concluir, quisiera decir que he seguido a Jesús migrante y crucificado entre los trabajadores migrantes y sus hijos, junto con nuestra Madre Tierra deformada y contaminada. Estoy tratando, como puedo, de reconciliar a Dios con sus hijos migrantes en nuestra Madre Tierra.