Atisbos del paraíso
Cuando en la prensa o en la tele se habla de Sudán del Sur, las noticias se refieren generalmente a la guerra civil en curso o a los muchos campos de refugiados donde viven hacinados sus habitantes. Pero esta es solo una parte de la historia, pues hay mucho más que contar sobre este país. Son historias bonitas. Hace poco he tenido la fortuna de vivir durante dos años entre la población sudanesa del sur en la ciudad de Wau, en el estado de Western Bahr el Ghazal. Habiendo crecido en una aldea keniata en una pequeña shamba, pensé saberlo todo sobre flora y fauna. Sin embargo, la sorprendente belleza de Bahr el Ghazal casi me cortó la respiración la primera vez que llegué allí.
Acurrucada entre las riberas de los ríos Jur y Agok, que forman parte de la cuenca del Nilo, Wau está cubierta por una vegetación verde, especialmente durante la temporada de lluvias, que se extiende de mayo a septiembre. A pesar de que las temperaturas de la región son elevadas durante todo el año, la mitad de la flora son árboles verdes, en su mayoría mangos. Es posible encontrar bosques tropicales alrededor de Wau, que hacen de la ciudad un lugar impresionante en su belleza. Además, hay un tipo de hierba tropical muy bonita que tiende a brotar durante la temporada de lluvias y crece hasta casi dos metros de altura si no se controla. Me quedé aturdido viendo por primera vez esta hierba tropical. Pensé que una hierba así solo debía de ser posible en este lugar. La fauna también es muy interesante: diversos tipos de aves, como especies de perdices y de martín pescador, lagartos, muchos insectos, erizos y algunas serpientes.
He vivido con dos poblaciones locales, una llamada Balanda Bviri y otra los Dinka Rek. Los Balanda Bviri son un pueblo agrícola, bantúes procedentes de África Central. La mayoría de ellos se dedican a cultivar el durra, un tipo de maíz local que madura en unos tres meses y llega a una altura de casi metro y medio. Los Balanda Bviri se dedican también a cultivar el sorgo y el mijo que resisten al calor tropical. Tuve la impresión de que entre los Balanda Bviri la tierra es de propiedad comunal, en el sentido de que la familia extendida posee la tierra y las familias nucleares pueden plantar en ella sus cultivos. Los Balanda Bviri tienden a ser pacíficos, aspiran a tener suficientes medios de vida y se dedican a labrar la tierra que poseen desde generaciones.
Por su parte, los Dinka Rek –un grupo originario del valle del Nilo– se ocupan del ganado. Tienen rebaños de animales muy numerosos. Al visitar uno de sus campos cerca de Wau me impresionó la enorme cantidad de reses que vi, de diferentes colores y tamaños. Los Dinka Rek han vivido pacíficamente de la cría de ganado durante miles de años en Bahr el Ghazal. A los nómadas Dinka Rek se les podía ver pastoreando el ganado cerca de los ríos Agok y Jur durante todo el año. Durante mucho tiempo los Dinka Rek y los Balanda Bviri han vivido juntos en armonía, manteniendo sus propios estilos de vida. Sin embargo en el siglo XXI ha surgido el problema del calentamiento global.
Con el calentamiento global se ha acrecentado también la presión sobre la tierra en Wau. La única fuente de energía es la madera, porque la electricidad no ha llegado a la ciudad y el gas es demasiado caro. En un día normal es posible ver a muchos carboneros salir de los bosques cercanos a Wau llevando cargas y cargas de carbón para venderlo en el principal bazar de la ciudad (Souk Jou). Los bellos bosques de Wau están en peligro. A su vez, aumenta el ganado que pasta en zonas agrícolas. La tensión entre los guardianes de ganado y los agricultores a veces ha dado lugar a matanzas entre etnias. Además, en ocasiones el ganado que la gente posee no tiene bastante tierra para pastar y la tierra queda agostada, sin vegetación. El mes de marzo llegan los vientos que todo lo arrasan, habbub, ¡y se llevan también la capa de suelo! Para empeorar aún más las cosas, durante la estación seca es posible ver a muchos agricultores quemando su tierra y causando incendios que destruyen hogares y propiedades. El desierto del Sahara, que no está muy lejos, parece acercarse cada año y cada vez más a la estupenda ciudad de Wau, a causa de la deforestación y el mal uso del suelo. Esta situación produce tristeza.
A pesar de todo esto, sigue habiendo esperanza. La educación parece ser una manera de salir de este dilema. En la escuela secundaria “Loyola” que la Compañía regenta en la ciudad y donde he dado clases, tratamos de educar a los estudiantes sobre ética medioambiental. Cuestiones como la plantación de árboles, mantener el medio ambiente limpio, la importancia de tener un número limitado de ganado que la tierra pueda sostener, los peligros de la quema de la tierra en barbecho, etc., son temas comunes que se enseñan a los estudiantes. Asimismo, la educación general que los estudiantes reciben los ponen en condición de tomar decisiones inteligentes sobre el medioambiente. La mayoría de los estudiantes se muestran responsables con el entorno y expresan su deseo de cuidarlo cuando llega la graduación y dejan la escuela.
Además de la escuela, el Instituto de Educación que la Compañía regenta en Sudán del Sur (MAJIS), en la ciudad de Rumbek (a unos 200 km de Wau), está educando a la gente del lugar sobre cuestiones medioambientales. En la pequeña aldea de Akol Jal, MAJIS tiene una granja donde se enseña cómo cultivar la tierra, criar ganado y utilizar fuentes de energía alternativa para evitar la dependencia de la madera. La mayoría de los beneficiarios de MAJIS son mujeres que viven en la zona. MAJIS y el Jesuit Ecological Center (JEC) en la ciudad de Rumbek promueven el uso de la energía solar. El JEC forma a la población local en la utilización de esta fuente de energía. MAJIS también anima al uso de biogás como fuente de energía sostenible. El biogás puede producirse fácilmente en Bahr el Ghazal debido al abundante estiércol procedente del ganado de la zona.
Todas estas iniciativas dan esperanza y animan a pensar que la belleza de Bahr el Ghazal no se perderá y que la gente seguirá viviendo en armonía con la tierra que ha ocupado por milenios. El mensaje del Papa Francisco en Laudato Si’ resuena también en Sudán del Sur.