Reflection

El sueño de un jesuita mayor

Abstract

John Surette comparte una poderosa visión, instando a la Compañía de Jesús a abrazar la interconexión de la humanidad y la Tierra. La metáfora de la construcción de una catedral pone de relieve la necesidad de un propósito mayor para hacer frente a los desafíos ambientales, llamando al amor apasionado y a la acción arraigada en la justicia social y el cuidado ambiental.

«Vuestros ancianos soñarán sueños,
vuestros jóvenes verán visiones»
Joel 3,1


Soy miembro de la Compañía de Jesús desde hace cincuenta y cinco años y acabo de cumplir setenta y ocho. Con motivo de mi cumpleaños deseo compartir con vosotros mi sueño para nuestra Compañía en esta primera mitad del siglo XXI.

Mi sueño comienza con un relato originario de la Europa medieval. Es una breve historia sobre tres tipos distintos de persona. Tres hombres acarrean piedras en una obra. Alguien le pregunta al primero qué está haciendo, y él responde que acarreando piedras. El segundo, cuando se le plantea el mismo interrogante, responde que alimentando a su familia. Y el tercero contesta a la pregunta diciendo que está construyendo una catedral.

En mi sueño me formulo la pregunta: ¿cuál es la catedral que los jesuitas estamos construyendo en este siglo? Al igual que el segundo hombre del relato anterior, muchos de nosotros estamos ocupados impartiendo clases, desempeñando la tarea pastoral o el ministerio de acción social que nos han sido encomendados, dando ejercicios y realizando muchas otras buenas obras. Pero ¿cuál es nuestra gran obra como Compañía de Jesús en este siglo? Mi sueño busca una respuesta a esta pregunta.

Veo que nuestra gran obra consiste en discernir el «bien universal» y en concentrarnos en el «bien mayor». También veo que nos impele a desplazarnos hacia las “fronteras..., esos lugares geográficos y espirituales donde otros no llegan o encuentran dificultades para llegar” y a los que el padre general Nicolás se refirió en su reciente mensaje sobre el estado de la Compañía.

Mi sueño incluye asimismo una lectura de los signos de los tiempos, esos movimientos profundos que están desarrollándose en el mundo y en las almas de las personas en los albores de este siglo. Entre tales signos sobresale, a mi juicio, la conciencia, paulatinamente creciente, de que la red de la vida se halla sometida a una tensión y un menoscabo cada vez mayores. Se contrae la superficie de los bosques, desciende el nivel de la capa freática, se erosionan los suelos, se colapsan las pesquerías, se secan los ríos, se funden los glaciares y casquetes polares, se blanquean los arrecifes de coral, se acidifican los océanos, se calienta la atmósfera, aumenta la tasa de extinción de las especies vegetales y animales y los cachorros de todas las especies nacen enfermos más y más a menudo. En todo esto, y en muchos aspectos más, estamos alcanzando los límites de lo que la vida sobre la Tierra puede soportar... Nos encontramos en una situación extrema.

Somos las primeras generaciones humanas conscientes de un riesgo tan extremo. Nadie habría podido imaginar algo así en épocas anteriores. Los grandes maestros del pasado no dijeron nada al respecto. En nuestros textos y tradiciones sagrados no se hace mención alguna a ello. Nuestro pasado evolutivo no nos ha preparado para afrontar semejante desafío.

En mi sueño me preocupa que, corriendo el presente siglo, quienes ahora son niños –y más tarde, sus propios hijos– vivan en una comunidad de vida aquí en la Tierra cuyo futuro esté en peligro, un futuro en el que les resultará cada vez más difícil mantener la esperanza, encontrar sentido y disfrutar de la belleza.

Lo que está ocurriendo en la Tierra pertenece a un orden de magnitud que desborda el de cualquier otra realidad en la que los jesuitas hayamos volcado en el pasado nuestras energías apostólicas.

Es de mayor magnitud que cualquiera de los asuntos de justicia social de nuestros días. De hecho, tiene una importancia fundamental para estos últimos, en tanto en cuanto ninguno de ellos podrá resolverse al margen del contexto más amplio de lo que le está aconteciendo a la Tierra misma.

Estamos ante la realidad más dura de nuestra época, a saber, el destino de la Tierra con su comunidad humana. En mi sueño veo que, como compañía de hombres religiosos, somos llamados a dar una respuesta religiosa al destino de la Tierra. Esta parece ser la tarea más difícil que nunca se nos haya pedido acometer a los jesuitas. Representa un reto inmenso. Nos exigirá que dejemos atrás toda negación y parálisis y que avancemos hacia el futuro con esperanza, valentía y decisión.

En mi sueño, este futuro comienza envolviendo nuestro amor apasionado por la humanidad en un amor igualmente apasionado por la Tierra y su red de la vida. Tal amor nos llevará a colaborar con otros para propiciar una relación mutuamente enriquecedora entre la Tierra y su comunidad humana.

Hermanos en Cristo y compañeros en el camino, os agradezco que hayáis leído este esbozo de mi sueño.¡Así habéis participado en la celebración de mi cumpleaños!

Original inglés
Traducción de José Lozano-Gotor




John Surette SJ
New England, Estados Unidos

El P. John Surette falleció en paz el 6 de diciembre de 2023.

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Publicado por SJES ROME - Coordinador de Comunicaciones in SJES-ROME
SJES ROME
El SJES es una institución jesuita que ayuda a la Compañía de Jesús a desarrollar la misión apostólica, a través de su dimensión de promoción de la justicia y la reconciliación con la creación.