Migrar bajo sospecha: Entre el estigma y el resguardo de la propia historia
Cuando Omar1 dio con el sitio, en una colonia de las afueras, pudo ver un rosario blanco colgado sobre la puerta y experimentó algo de alivio. Le habían dicho que era un albergue de religiosas. Llevaba varios días durmiendo mal y caminando en condiciones muy difíciles. Tenía los pies lastimados, los zapatos rotos y una ropa que, durante las dos últimas semanas, se había mojado y secado sobre su cuerpo. El olor ya no se aguantaba.
Su esposa y sus dos hijos pequeños habían sido acogidos tres días en otro lugar, donde podrían reponer fuerzas. A él, por ser hombre, no le permitieron quedarse en el mismo espacio; ese era el criterio de seguridad que les habían explicado. Como alternativa, le entregaron un papelito con una dirección donde tal vez sí podrían recibirlo. Su plan inicial era aguardar a las afueras del albergue donde logró cupo su familia, pero pudieron más las ganas de descansar, recibir un plato de comida caliente y conseguir ropa y calzado, así que decidió ponerse en camino.
Una mujer joven lo saludó con amabilidad por una pequeña ventanilla. Le explicó que antes de entrar tenía que presentar su documento de identidad. Omar llevaba en el teléfono una fotografía de su pasaporte; el original lo había dejado con su esposa para que lo mantuviera a salvo. Luego le pidieron que esperara allí, porque primero harían una verificación.
La demora en la entrada y las preguntas que vinieron después le parecieron eternas, pero necesitaba dormir mejor, al menos una noche. Desde donde estaba, alcanzó a ver un comedor en el que servían sopa y tortillas. Al lado, un rótulo con una flecha verde decía: “baños y regaderas”. Solo por eso valía la pena tener paciencia.
Miedo y muchos datos
A este hombre nicaragüense le preguntaron muchas cosas que parecían intrascendentes, desde el municipio del cuál él y su familia eran originarios hasta los nombres completos, las edades y las fechas de nacimiento de su esposa y sus hijos. Dudó, pero se sintió sin salida. Algunos datos no los dio con exactitud, según él, para reducir los riesgos. Se preguntó si estaba siendo paranoico y trató de mantener la compostura para que no pensaran que estaba mintiendo u ocultando algo.
No resultó fácil narrar que tuvo que huir de un día para otro de su natal Carazo, después de pasar nueve meses escondido en casa de un tío para evitar que lo apresaran. La persecución de la dictadura en su país era despiadada. Un año antes de migrar, se había visto obligado a dejar de transmitir su programa de radio. Ya había soportado demasiado asedio por ser periodista. Todas las puertas se le habían cerrado y no tenía cómo sostener a su familia. Su esposa, que era la única a cargo de los gastos del hogar, fue despedida de su puesto como maestra. Las opciones se habían acabado para ellos.
Ahora Omar estaba ahí, inmóvil, sintiendo una mezcla de susto y cansancio. El albergue parecía un lugar seguro, pero le angustiaba no saber quiénes tendrían acceso a las respuestas que había dado ni para qué podían ser utilizadas. La entrevistadora era amable, le decía que aquello era por seguridad del albergue y para los reportes que debía presentar a los donantes que les apoyaban. Ella misma se sentía apenada, pero insistía en que necesitaba cumplir el requisito para “poder ayudarle”. El frío, el hambre y el sueño impedían cualquier resistencia de su parte, así que luego del extenso cuestionario, firmó un consentimiento. Ni siquiera llevaba consigo sus lentes de leer, así que lo hizo rápido y sin fijarse mucho.
Esa noche durmió bajo techo y la cena le pareció reconfortante. Al día siguiente le avisaron que, después del desayuno, debía marcharse. Salió pensando en los datos que había tenido que dejar, temiendo que afectaran el trámite de refugio que tenían la esperanza de presentar en Estados Unidos.
Control vs. protección
La historia de Omar y su miedo a aportar información porque eso lo puede poner en peligro se repite en muchas rutas migratorias. Cuando la entrega de detalles personales se vuelve una obligación para recibir protección o ayuda básica, la capacidad de negarse es muy limitada, porque un consentimiento que se condiciona no puede considerarse completamente libre. Las personas atendidas necesitan conocer por qué se les piden determinados datos, para qué serán usados y qué garantías existen en el manejo seguro de la información que están compartiendo.
El informePrivacidad en desplazamiento migratorio de la Coalición Latinoamericana #MigrarSinVigilancia recomienda que las agencias humanitarias y financiadoras se abstengan de pedir información desagregada cuando no sea indispensable: "Solicitar estadísticas en lugar de datos desagregados debe ser suficiente para sus fines" (2024, p. 32).
Sin embargo, las distintas prácticas orientadas a recopilar datos sensibles de las personas que migran de manera forzada son prácticas que se extienden a albergues, organizaciones humanitarias, líneas aéreas, agencias de cooperación y organizaciones socias implementadoras en los distintos países que ejecutan proyectos para el ACNUR, OIM, UNICEF, entre otras, lo que multiplica los registros y amplía las posibilidades de que gran cantidad de información circule entre diferentes actores, a veces con poco control y seguridad en la gestión de la misma.
Las actuaciones de las autoridades migratorias, militares y policiales siguen siendo las más preocupantes, por el poder institucional que tienen y por la posibilidad de ejercerlo de manera represiva o arbitraria, por lo que el control de todos estos registros es un tema delicado. Por ejemplo, en entrevistas realizadas por Sin Fronteras se pone de manifiesto que existe una profunda asimetría, pues las autoridades conocen y almacenan rasgos permanentes del cuerpo (incluyendo datos biométricos), mientras las personas desconocen la finalidad, el destino y los periodos de conservación de sus datos (Sánchez Sánchezet al., 2023, p. 63). “Hay incertidumbre para las personas migrantes sobre el destino de sus huellas, fotos y demás información personal”, indicó una colaboradora de Sin Fronteras, citada en el informe (p. 63).
¿Sujetos de protección o riesgos para la seguridad nacional?
“Hace unos cuatro meses conocimos un caso muy doloroso”, recuerda una trabajadora humanitaria en la frontera de Costa Rica con Panamá. Se trataba de una pareja venezolana joven, con una hija pequeña; ella tenía un embarazo avanzado. Al ingresar al país, decidieron solicitar refugio, pero las autoridades migratorias trataron al joven de manera distinta. Él tenía tatuajes visibles en la cabeza, el cuello y el rostro. A ella le permitieron continuar con la solicitud, pero a él le negaron rápidamente esa posibilidad, sin explicarle las razones. “¿Cómo vamos a vivir aquí si soy yo quien puede trabajar? ¿Qué voy a hacer?”. Jonathan (nombre ficticio) no contemplaba la opción de dejarlas, pero sabía que tendría que mantenerse en la clandestinidad y ya no podría acercarse a las oficinas de migración.
Este caso refleja lo que María Dolores París Pombo afirma respecto a la externalización de las fronteras, que no se limita a alejar físicamente a quienes buscan asilo, sino que también crea procedimientos que clasifican cuerpos, procedencia, historias y formas de comunicar. "Estas prácticas de ‘fronterización’ se basan no sólo en la construcción de muros físicos, sino también en la categorización de los cuerpos en movilidad como legítimos/ilegítimos" (2022, p. 103).
Este tipo de categorizaciones también opera mediante prácticas institucionalizadas de simplificación. El informeInvisibilizadas, de Alboan, Entreculturas y SJM, señala que, a pesar de la diversidad de sus historias, de las razones que las llevaron a migrar y de las violencias que algunas han enfrentado, entre ellas la violencia sexual o la trata, cuando llegan a España las mujeres son agrupadas bajo una misma categoría: “migrantes”. Poco parece importar si son solicitantes de asilo, cuál es su situación administrativa o qué experiencias marcaron su recorrido. “Es un término que encasilla, clasifica, homogeneiza y normaliza la discriminación ejercida por un país y una sociedad machista y racista” (Diego Alonso & González Cerdeira, 2023, p. 53).
Por otra parte, como advierte el informe deR3D (Sánchez Sánchez et al., 2023), las tecnologías pueden reproducir los vicios y las formas de discriminación presentes en la información y en los sistemas de los que esta procede. Esto resulta especialmente preocupante para las personas migrantes que se movilizan o viven en las condiciones más precarias. Por eso, la pregunta no es sólo si un sistema identifica “de forma correcta”, sino también a quién obliga a demostrar continuamente que merece entrar, permanecer, ser escuchado o recibir protección. El estudio recuerda que los sistemas biométricos no son neutrales ni infalibles y que las tasas de error son mayores para personas con tonos de piel más oscuros, mujeres, personas mayores y menores de edad. “Para un solicitante de asilo una identificación errónea puede poner en peligro su vida” (p. 68).
Se vuelve imposible ignorar el peso que tienen los estereotipos en la manera en que se vigila y controla a las personas. El origen geográfico y social puede llegar a deducirse, sin mayor fundamento, a partir de la apariencia. También la forma de comportarse o el acento pueden bastar para encasillar y etiquetar a una persona, incluso antes de conocer su historia.
Un religioso que acompaña a personas migrantes en la ruta por Chiapas cuenta que, en la carretera entre Tapachula y Tuxtla, “hay más de nueve controles migratorios donde todos los transportes tienen que parar”. La vigilancia no siempre depende de herramientas sofisticadas. “Los agentes de migración revisan, no con tecnología ni nada; te revisan el hablado, te revisan el fenotipo”. A veces basta un saludo: “Te preguntan: ‘Buenos días, ¿cómo estás?’, y con la respuesta te cachan”. Según ha podido observar, “hay un entrenamiento para distinguir fenotipos y distinguir maneras de hablar”. Antes de revisar los documentos, esos primeros indicios ya han servido para decidir a quién mirar con sospecha.
Hacia una tecnología que cuide, no que sospeche
Entonces, ¿cómo acompañar sin convertir las historias de dolor en registros que terminan ampliando el miedo y las amenazas que enfrentan las personas forzadas a migrar? Quizás no haya una única respuesta a esta pregunta, pero un punto de partida es que la persona tenga libertad para decidir qué cuenta, a quién, con qué propósito y durante cuánto tiempo.
La persona es reconocida en su humanidad cuando recibe un trato que prioriza el servicio por encima del formulario. Es necesario que la información solicitada tenga un propósito claro y comprensible para quien recibe el acompañamiento. También se deben crear redes de apoyo entre organizaciones que puedan poner freno a la insistencia de financiadores y autoridades en solicitar información extensa y desagregada.
Esto no significa ignorar los peligros que enfrentan quienes forman parte de equipos humanitarios, eclesiales o comunitarios que ofrecen asistencia. Quienes acompañan también advierten sobre la posibilidad de que en algunas organizaciones o albergues se infiltren personas con propósitos contrarios a la protección, incluso vinculadas a grupos del crimen organizado que lucran con las tragedias y vulnerabilidades de quienes migran. Es justo y necesario buscar maneras de aminorar esos riesgos, pero acumular datos personales no es necesariamente la manera más eficiente de hacerlo.
Finalmente, la alfabetización digital para quienes acompañan migrantes ayudaría a desarrollar una mirada más crítica frente a los excesos en la recopilación de datos, los mecanismos para resguardar de manera segura la información recibida y los límites que deben existir para su circulación. Ello permitiría tomar decisiones con mayor claridad sobre la forma en que esos datos pueden ser utilizados. Poco a poco estas y otras acciones podrían abrir una vía para que las tecnologías contribuyan más a cuidar que a vigilar. Las personas no son una cifra. Ellas tienen dignidad y el derecho inalienable a resguardar su intimidad, independientemente de la tierra en la que se encuentren.
Referencias
- Coalición Latinoamericana #MigrarSinVigilancia. (2024).Privacidad en desplazamiento migratorio: Un diagnóstico sobre la vigilancia, protección de datos y seguridad digital en lugares de acogida de personas migrantes en México. Basado en testimonios. Access Now.https://www.accessnow.org/wp-content/uploads/2024/12/Privacidad-en-desplazamiento-migratorio-Dic13-2024.pdf
- Diego Alonso, S., y González Cerdeira, Y. (2023).Invisibilizadas. Mujeres migrantes en el cruce de fronteras. Alboan; Entreculturas; Servicio Jesuita a Migrantes.https://www.alboan.org/sites/default/files/2025-03/alboan-invisibilizadas-es-w_0.pdf
- París Pombo, M. D. (2022). Externalización de las fronteras y bloqueo de los solicitantes de asilo en el norte de México.REMHU: Revista Interdisciplinar da Mobilidade Humana, 30(64), 101–116.https://doi.org/10.1590/1980-85852503880006407
- Sánchez Sánchez, C., Valenzuela Moreno, K., Núñez Chaim, M., y Narváez Herrasti, S. (2023).Uso de las tecnologías digitales en los contextos migratorios: necesidades, oportunidades y riesgos para el ejercicio de los derechos humanos de las personas migrantes, defensoras y periodistas. Red en Defensa de los Derechos Digitales (R3D).https://r3d.mx/wp-content/uploads/Informe-_-Uso-de-las-tecnologias-digitales-en-los-contextos-migratorios-_-Necesidades-oportunidades-y-riesgos-para-el-ejercicio-de-los-derechos-humanos-de-las-personas-migrantes-defensoras-y-periodistas-R3D.pdf
1. Omar no corresponde a una sola persona. Es un personaje construido a partir de decenas de historias reales de quienes se han visto forzadas a dejar sus países de origen en América Latina y el Caribe. Su relato está ambientado en uno de los tantos puntos de paso por México. Gracias infinitas a quienes, generosamente, compartieron las piezas que hicieron posible este retrato humanizante del duro tránsito que tantos seres humanos enfrentan diariamente en busca de protección y mejores oportunidades de vida.
Autor
Karina Fonseca Vindas es costarricense, comunicadora social y se desempeña como coordinadora general de la Red Jesuita con Migrantes en las Américas (RJM) de la Conferencia de Provinciales Jesuitas de América Latina y el Caribe (CPAL). Karina cuenta con 21 años de vinculación en distintos procesos de la Compañía de Jesús en Costa Rica, Centroamérica y otras regiones. Su área principal de colaboración es el acompañamiento a personas en contextos de movilidad forzada, y su relación con la incidencia social, los cuidados y la justicia de género.





