El Centro de Migrantes Arrupe, en la iglesia jesuita de San José, también ha abierto sus puertas a los migrantes que buscan un lugar donde quedarse tras habérseles denegado el acceso a los albergues colectivos. Los colchones se amontonan en el suelo y las oficinas se han convertido en dormitorios para dar cobijo temporal a quienes lo necesitan.
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