Testimonio

Un ministerio que cambia la vida

John Baumann SJ (UWE) John Baumann SJ (UWE)

Mi vida como jesuita siguió el patrón habitual de los jesuitas californianos que ingresaron en la Compañía a mitad de la década de 1950. Durante los diez primeros años, la formación suscitó en mí la perspectiva de “ver a Dios en todas las cosas”. Estaba centrada en las interacciones personales directas en el seno de un entorno casi homogéneamente católico: vivir en una comunidad jesuita y dar clases yserentrenadordeportivoen un instituto jesuita de secundaria.

Si la vida en la Compañía cambió poco para mí en el curso de esos primeros diez años,

No puede decirse lo mismo del resto del mundo.Esa fue una época de reforma y revolución en el país yenla Iglesia. El movimiento de derechos civiles, las protestas antibélicas y la libertad de expresión dominaban los titulares de prensa. El Concilio Vaticano II, que concluyó en 1965, influyó rápidamente en nuestra manera de entender cómo debía relacionarse la Iglesia con la sociedad contemporánea. Un año después, la Compañía de Jesúsfinalizó su Congregación General 31 y promulgóuna declaraciónsobre la acción social en colaboración con el laicado. Este documento dio rienda suelta a la imaginación de numerosos jesuitas, incluido yo.

En 1967, el Superior General de los jesuitas, el P.Pedro Arrupe, escribió una carta titulada: “Relaciones raciales en Estados Unidos”, en la que alentaba a los jesuitas a responder a la crisis en esa área diciendo: “Los jesuitas no pueden, no deben permanecer distantes”. Animado por el compromiso de mi provincia con los ministerios sociales, y espoleado por el Vaticano II y la mencionadacongregación general, aproveché la oportunidad de implicarme en un apostolado en elámbito de los ministerios sociales.

En el verano de 1967, antes de empezar misegundo curso de teología, viajé a Chicago para asistir al Urban Training Center (Centro de Formación Urbana). El UTC habíasidocreado en la década de 1960 con la misión de capacitar a clérigos y laicos para sensibilizar y movilizar a sus comunidades ante las necesidades críticas de los centros urbanos. Se nos enseñó a organizar una comunidad y recibimos formación práctica mediante trabajo de campo. Ese verano en Chicago se convirtió en el primery determinantepaso hacia la aventura que ha sido el resto demi vida.

Cuando regresé alteologado para cursar el segundo año de teología, mis estudios cobraron vida. La teología había dejado de ser una abstracción; devino concreta y personal. Mi fe se había transformado, y la teología me ofreció herramientas para reflexionar sobre mi experiencia veraniega, sobre cómo llevar a la práctica los valores evangélicos. Mi comprensión del principio ignaciano de que Dios está presente en el mundo y actúa en nuestras vidas se hizo más honda.Si creemos realmente que Dios está entre nosotros, ¿cómo podemos permitir que lasdivisionesbasadas en la raza, la etnia o la religión generen animosidad, injusticia o violencia? Empecé a comprender mi vocación de jesuitacomo una vida de servicio a los demás trabajando por la justicia y el bien común, idea que brota de la dignidad, unidad e igualdad de todas las personas.

Tras ser ordenado en 1969, volví a Chicago para ampliar mi formación en organización comunitaria. En 1972 regresé a mi provincia, con cuyo apoyo fui uno de los fundadores deFaith inAction (Fe en Acción; antiguamente PICO), una red nacional e internacional de organizaciones comunitarias basadas en la fe.

El modelo deFaith inAction (en adelante FIA) es transformador. Su centro lo ocupa la creencia en el potencial transformador: de las personas, de las instituciones, de la cultura en general.

El modelo organizativo de FIA está basado en la fe. Existen numerosos caminos hacia un mundo más justo, y la organización basada en–yguiada por valores– es uno de ellos. Otro de los caminos es el servicio directo, en el que unas personas responden a las necesidades imperiosas de otras. Y un tercer camino es la incidencia, en la que unas personas hablan y actúan en nombre de otras que padecen grandes injusticias y males sociales. El camino de FIA hacia la construcción de un mundo más justo enseña a los creyentes a desarrollar su propio poder para abordar lascausa principales de los problemas a los que se enfrentan.

FIA está presente en la actualidad en 23 estados federales, lo que supone más de 3.000 congregaciones religiosas locales que representan a 34 confesiones y tradiciones diferentes. Nuestra agenda organizativa en Estados Unidos aborda los asuntos más críticos de nuestraépoca, incluidos la equidad económica, la violencia con armas de fuego, la asistencia sanitaria, la justicia para los inmigrantes, las encarcelaciones masivas y los derechos electorales. Internacionalmente, hay organizaciones afiliadas a FIA en África Oriental (en concreto, Ruanda), América Central y Haití. Estas organizaciones se comprometen en luchas a vida o muerte reivindicando la democracia oatendiendo necesidades humanas básicas, incluidos alimentos y agua, seguridad, asistencia sanitaria y empleo.

Este verano de 2019,Faith inAction y yo hemos celebrado el 47º aniversario de FIA. La red ha formado a varias generaciones de líderes y organizadores para “liberar el poder de la gente” y organizar mejor las comunidades. En el Evangelio de Juan, Jesús le dice a Nicodemo que el Espíritu nos permite nacer de nuevo. Poner en marcha FIA fue también una suerte de experiencia de “renacimiento” para mí. FIA ha abierto mis ojos a una fe que se percata de que el Espíritu está actuando allí dondequiera que las personas se organizan para abordar los retos más exigentes que la sociedad tiene ante sí.

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Publicado por SJES ROME - Coordinador de Comunicaciones in SJES-ROME
SJES ROME
El SJES es una institución jesuita que ayuda a la Compañía de Jesús a desarrollar la misión apostólica, a través de su dimensión de promoción de la justicia y la reconciliación con la creación.