Testimonio

Reconciliación: el eslabón ausente para sanar África

Elias Mokua, SJ Director Ejecutivo Centro Jesuita Hakimani, Nairobi, Kenia Elias Mokua, SJ Director Ejecutivo Centro Jesuita Hakimani, Nairobi, Kenia

Estoy muy preocupado por la manera en que la Corte Penal Internacional (CPI) ha tratado hasta ahora el caso del presidente de Kenia, Uhuru Kenyatta, y su diputado, William Ruto, que junto con el periodista Joseph Sang están acusados de máxima responsabilidad en la violencia postelectoral sufrida en Kenya en 2007-2008.

Opino que la CPI debería ser un actor independiente e imparcial que determine los culpables de la violencia que siguió a las elecciones. Los últimos informes de la CPI, así como las declaraciones del anterior fiscal, Luis Moreno Ocampo, sugieren que el proceso para identificar a los culpables no fue del todo claro.

O bien hemos acusado erróneamente a las personas de la CPI o bien hay demasiada política en la manera en que se trata el asunto de Kenia.

Creo que las víctimas de la violencia son los grandes perdedores de esta farsa de la justicia si finalmente el acusado no tiene nada que ver con la enorme violencia. Porque no es más que otro modo de decir que los verdaderos culpables de la violencia nunca han sido investigados y en ese caso, no hay ni esperanza ni ganas de encontrar a quién causó realmente la muerte de más de 1.600 personas.

Una vez que el caso esté sobreseído –algo que parece que ocurrirá pronto–, los keniatas que viven en las ciudades empezarán a sospechar los unos de los otros y puede que todo el ciclo del odio intertribal comience de nuevo. Las tensiones que condujeron a la violencia de 2007 todavía no se han calmado y me preocupa que no se haya siquiera reflexionado sobre el componente más importante de todos, la reconciliación.

Actualmente existen conflictos en Sudán del Sur, Somalia, Uganda, Tanzania y Kenia, a pesar de que no parece que a los ciudadanos nos preocupen lo más mínimo los indicadores sociales actuales que apuntan a un aumento de la violencia. Además, y para ser más específico, lo que más me preocupa es la rápida intensificación de la intolerancia religiosa en Tanzania y en Kenia, así como en muchos otros lugares de África. Permítanme subrayar pues las tensiones religiosas que están emergiendo en el Este de África.

Intolerancia religiosa en Tanzania y Kenia

La elecciones generales de 2013 en Kenia fueron bastante pacíficas en comparación con las de 2007, en las que la violencia estalló tras un resultado electoral cuestionado. En cualquier caso, las recientes elecciones fueron impugnadas ante el Tribunal Supremo, que ratificó el anuncio inicial de victoria de Uhuru Kenyatta. Los 5,1 millones de personas que apoyaron al perdedor, Raila Odinga, contra los más de 6,3 millones de votantes de Uhuru, están intentando hacerse a la idea de la derrota. A pesar del fallo del Tribunal Supremo, creen que éste actuó parcialmente y el trasfondo se va haciendo cada vez más evidente.

A la luz de estos acontecimientos desafortunados se está haciendo cada vez más visible que la intolerancia religiosa arraiga entre las comunidades. Se están formando muros y bloques tribales y, aunque sean discretos, ya no son un secreto. Los estudios realizados por el Centro Jesuita Hakimani (CJH), entre otras instituciones, sugieren que el tribalismo está erosionando la coexistencia entre las distintas religiones. Además, el patrón de voto de las anteriores elecciones generales, incluyendo las de 2013, apunta a un alineamiento perturbador de las comunidades de fe con sus señores tribales. Todo indica que las elecciones generales del año que viene en Tanzania mostrarán la división entre cristianos y musulmanes, ya que cada grupo quiere un presidente de su propia religión.

Los laicos de estos países han expresado su preocupación sobre esta cuestión a través de varias plataformas, incluyendo los foros nacionales que el CJH ya organizó en el pasado, pero no ha habido una respuesta clara de las autoridades eclesiásticas. La credibilidad de la Iglesia sigue desvaneciéndose cuando temas como éstos no se tratan hasta que se agravan y se hacen insostenibles. El genocidio de Ruanda sirve como punto de referencia de la etnicidad religiosa, donde ya se dijo que los religiosos fueron parte del problema.

En Tanzania, las relaciones entre musulmanes y cristianos (especialmente católicos) están en el peor nivel de todos los tiempos. Recientemente un sacerdote católico fue asesinado en Zanzíbar en lo que parece ser un acto de intolerancia religiosa. Los jesuitas, en particular, están en el punto de mira de los extremistas musulmanes que publicaron un CD en el que afirmaban que los jesuitas son el cerebro que se encuentra tras el expansionismo cristiano. Las parroquias de Tanzania estuvieron amenazadas en el pasado, pero las tensiones siguen altas ya que Zanzíbar, donde viven la mayoría de los musulmanes, está pidiendo la independencia. Un patrón similar está emergiendo a lo largo de la Costa con el Consejo Republicano de Mombasa (CRM), que también demanda la independencia para que la región costera, lo que antes era la Provincia de Mombasa, pueda ser un país independiente. Tras los altercados entre el CRM y la policía del año pasado hubo varias muertes.

Todos estos acontecimientos me hacen reflexionar sobre si algún día se conseguirá la reconciliación. Los gobiernos locales y la comunidad internacional deben apoyar iniciativas sobre ecología, cambio climático, derechos humanos, erradicación de la pobreza, etc. ¿Pero a alguien le importa la reconciliación? Estando in situ me doy cuenta de que ni siquiera la Iglesia ha realizado un esfuerzo significativo para colocar la reconciliación por encima de otras prioridades, a pesar de que la mayoría de los documentos de la Iglesia hablan de reconciliación con un vívido lenguaje.

Share this Post:
Publicado por SJES ROME - Coordinador de Comunicaciones in SJES-ROME
SJES ROME
El SJES es una institución jesuita que ayuda a la Compañía de Jesús a desarrollar la misión apostólica, a través de su dimensión de promoción de la justicia y la reconciliación con la creación.