Testimonio

Hacer camino junto a los refugiados

Mario Brisson, SJ Mario Brisson, SJ

Mi trabajo con los refugiados me ha hecho recordar una experiencia personal de pérdida. Cuando yo era niño, mi familia tenía una granja en la región de Saguenay, en la parte oriental de Quebec, y más tarde tuvimos que trasladarnos para ir a la ciudad.

Por su parte, los refugiados con quienes trabajo han dejado su país por la carestía, la guerra, la tortura, la persecución y, algunos de ellos, por sus compromisos en favor de la justicia y la paz.

Las pérdidas de estas familias son enormes. Pérdida de un hermano, de una hermana, del padre o de la madre, de amigos/as, de vecinos/as... los duelos son muchos y tienen diversos aspectos.

Pienso en particular en una mujer maltratada en los campos de refugiados y que, mes tras mes, espera la llegada a Quebec de su nieta y de su hijo. Pienso en ese hombre que espera a su hermano desde hace ocho años a causa de medidas administrativas que tienen la prioridad sobre aspectos humanitarios. Los ejemplos son numerosos.

El duelo de los migrantes y de los refugiados se extiende a su casa, a su comercio, a su trabajo: separación brutal de su entorno vital, de su cultura, de algunos de sus valores... Sin olvidar que deben superar los impactos de castigos corporales, persecuciones e incertidumbres que adquieren todo tipo de formas: la impresión de estar fuera de la sociedad o la dificultad de trabajar. Todo esto recuerda situaciones dolorosas vividas en el país de origen.

Es posible descubrir la fuerza de la Buena Noticia y la presencia de Dios en nuestras vidas en aquello que somos. En contacto con los refugiados descubro la hondura de su experiencia. Aunque la mayoría no pertenece a la religión que yo profeso, descubro lo que Dios ha hecho y hace en ellos.

En ocasiones me resulta difícil poner nombre a ciertos aspectos de mi vida. El contacto con los migrantes y refugiados me permite hacerlo mejor, descubrir una parte de mí que se me devuelve. De igual manera, una sociedad que acoge a los recién llegados crecerá en sabiduría y en gracia si sabe acoger sus valores y su riqueza. La acogida va en los dos sentidos. En un clima de confianza mutua la sociedad de acogida cambia y también los recién llegados que desean vivir en ella y con ella. Desde esta perspectiva las dos partes ganan. Y éste es un desafío para todo cristiano y para toda persona de buena voluntad. La acogida mutua construye el Futuro.

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Publicado por SJES ROME - Coordinador de Comunicaciones in SJES-ROME
SJES ROME
El SJES es una institución jesuita que ayuda a la Compañía de Jesús a desarrollar la misión apostólica, a través de su dimensión de promoción de la justicia y la reconciliación con la creación.