Los niños, un nuevo impulso para la ecología!
Como joven, optimista, entusiasta y carismática católica, me conmueve intensamente la ecología y la conducta de las personas en los asuntos relacionados con ella. El medio ambiente es un don que Dios nos da. Lo ha sido, lo es y lo será siempre. Como cristianos, estamos llamados a cuidar de la creación. Los retos a los que hay que dar respuesta son enormes también, y los jesuitas y sus colaboradores en la región, en especial los jóvenes, necesitan apoyo para dar respuesta a las preocupaciones sociales y medioambientales y acompañar a los pobres, cuyas situaciones se ven adicionalmente empeoradas por la continua degradación medioambiental.
Me emociona ver a niños tomar la iniciativa de cuidar la creación y sacar tiempo para hacer frente a preocupaciones ecológicas. Sin duda, existe esperanza para nuestro futuro. No podemos permitirnos jugar con la creación. La difunta premio Nobel de la Paz y reconocida medioambientalista Wangari Maathai afirmó en una ocasión: “Si destruyes la naturaleza, la naturaleza te destruirá”(Nyamwaya, 2011). De este mensaje se hizo eco el papa Francisco, quien en una de sus enseñanzas advirtió: “Si destruimos la creación, la creación nos destruirá a nosotros” (Francis, 2014).
Me preocupan sobre todo los niños y los ancianos en la sociedad. Estos dos grupos son los más vulnerables cuando sucede algún desastre. Cuando tienen lugar sequías, inundaciones, tsunamis y otros desastres climáticos relacionados, los niños y los ancianos son los más afectados tanto a corto como a largo plazo. Incidentes tan traumáticos nos afectan a todos, principalmente porque la mayoría de ellos, por no decir todos, solo pueden ser prevenidos si nos tomamos los asuntos ecológicos mucho más en serio. Es terrible que personas inocentes terminen perdiendo la vida, sus propiedades y también la fe en la creación. No es correcto ni justo. Sin embargo, hay esperanza en Cristo a través de la Iglesia y sus enseñanzas. Las enseñanzas católicas nos llaman al cuidado de la creación y a la ecología.
Veo a Dios a través de la belleza de la creación. A través de mis relaciones diarias me encuentro con Dios. Esto es, a través del servicio bueno y humilde de las personas. Los niños aportan alegría y esperanza a mi vida. Su inocencia, vulnerabilidad y necesidad de un futuro mejor me infunden nueva energía para desempeñar un papel mayor a la hora de abordar preocupaciones ecológicas. Las diferentes y múltiples experiencias que he vivido desde mi infancia hasta ahora han cambiado mis percepciones y opciones en la vida. De niña siempre seguía las instrucciones de mis mayores; así, cuando algo salía mal, podía echar las culpas a otro. Pero cuando crecí, tomé conciencia de que tenía que tomar decisiones acertadas. Sé que mis decisiones tienen consecuencias que únicamente puedo reprocharme a mí misma en caso de fracaso. He llegado a percatarme de que la vida es como una moneda. Puedes gastarla de muchas maneras diferentes, ¡pero solamente puedes gastarla una vez! Esto nos recuerda la necesidad de vivir una vida responsable.
Además de la que me transmiten los niños, la mayor esperanza y alegría brota desde mi interior, desde lo hondo de mi alma. Esto es el resultado de saber que cada día es una lucha para llegar a ser mejores administradores de la creación de Dios y que ahí fuera hay sin duda personas buenas que viven bien esa lucha.
Recibo respaldo desde todos los lados. Mi mayor apoyo es mi madre, quien me entiende completamente y conoce también mis debilidades. Ella sabe qué es lo más conveniente. Cree en la necesidad de conservar nuestro entorno. ¡Una bendición, sin duda!
La oración es mi otra arma contra la destrucción de la creación. Siempre rezo por la naturaleza y por todas las cosas vivas y no vivas que hay en ella. Para que Dios nos ayude a coexistir pacíficamente unos con otros, a apreciar y respetar la creación, a convertirnos en verdaderos administradores del medio ambiente. También rezo por los vulnerables de nuestra sociedad. Los enfermos, los niños pequeños, los ancianos, los huérfanos, los viudos, los afligidos y turbados.
Mi oración es que, a través de la creación, estas personas vulnerables encuentren paz y bienestar.
Mi oración incluye largos paseos en silencio por la naturaleza. Me tomo tiempo para apreciar la belleza y el milagro de la creación de Dios mientras le presentó silenciosamente mis peticiones. También rezo a menudo el rosario.
¡Que la necesidad de conservar para nuestros hijos por un medio ambiente limpio, seguro y en mejores condiciones sea el impulso que fomente el equilibrio ecológico! Amén.