Encontrar a Dios entre los hijos de los trabajadores de las plantaciones
Soy oriunda de una pequeña ciudad llamada Nawalapitiya. Mis padres hacían trabajo social a través de las artes. Concienciaban mediante obras de teatro y canciones. De niña, yo actuaba en las obras de teatro que montaban. Las conversaciones en casa se centraban principalmente en temas sociales. Mi madre también trabajó durante muchos años en Satyodaya, un centro jesuita de investigación sociológica en Kandy, y luego en el Centre for Social Concern (CSC), de Hatton, donde yo trabajo en la actualidad. Ya de niña solía acompañar a las monjas que iban a las plantaciones de té para dar catequesis a los hijos de los trabajadores y ensayar con ellos cantos religiosos. El trato con los niños de aquellas haciendas y sus padres me ayudó a conocer bastante bien los problemas de la comunidad de residentes en las plantaciones de té.
Me incorporé al CSC a los veinte años como maestra de preescolar en la hacienda Mount Jean. Con el paso de los años, me familiaricé con las personas y la visión y misión del CSC. Este me confío diversas responsabilidades: animadora de campo, oficinista, coordinadora de juventud, coordinadora de infancia, responsable del programa de ahorro de las mujeres de las haciendas, coordinadora de campo y administradora. Incluso tuve el privilegio de coordinar los trabajos del CSC desde enero a junio de 2017 mientras se producía el nombramiento de un nuevo jesuita para dirigir el centro.
Jesús dijo: “Dejad que los niños se acerquen a mí”. He trabajado principalmente con niños. He visto a Jesús en la sonrisa, el cariño y el espíritu lúdico de los niños. Los trabajadores de las plantaciones se cuentan entre los más desfavorecidos de Sri Lanka. Pero en su hospitalidad, unidad, sacrificio y respeto podemos experimentar la presencia de Dios en medio de ellos. Incluso cuando su despensa está prácticamente vacía, nos siguen invitando con alegría y cariño a compartir lo poco que tienen. Siento la bendición de Dios en su generosidad.
Al haber desempeñado diversas tareas en el CSC, son muchas las personas que me han ayudado a realizar mi potencial y mis talentos y habilidades, desarrollados a través de diversos cursos, orientaciones y oportunidades. Para llegar a la oficina, tengo que hacer todos los días un viaje en autobús de más de una hora. Esta es una zona montañosa. En muchas ocasiones nos hemos encontrado las carreteras cortadas debido a lluvias intensas y desprendimientos de tierra. Dios me ha conservado sana y salva durante mis viajes y mi trabajo.
Tengo dos hijos, gemelos. Su nacimiento fue para mí una experiencia tanto de vida como de muerte. Padezco unos cuantos problemas de salud serios. Pero Dios me da energía más que suficiente para desempeñar las tareas que se me encomiendan.
Llevo casi veinte años trabajando en el apostolado social. Hemos hecho mucho por la gente. El gobierno y muchas ONG trabajan por el bienestar de la comunidad de residentes en las plantaciones. Pero los residentes de origen indio son los que peores condiciones tienen. Van económica, política, educativa y socialmente a la zaga. Cada vez son mayores los problemas a los que se enfrentan. Podemos ver las nuevas dimensiones de la opresión. Hay mejoras, pero todavía están desfavorecidos en comparación con otras comunidades étnicas en Sri Lanka. Esto me llena de tristeza y desolación.
Sé que los jesuitas están haciendo grandes cosas por los pobres y oprimidos en todo el mundo. Siento gratitud por el buen trabajo que los jesuitas están realizando por la comunidad de residentes en las plantaciones de té desde 1993. Dada la magnitud de los problemas que esta comunidad afronta, creo que la contribución de los jesuitas debería ser mucho mayor tanto en calidad como en cantidad. Pero no se avanza en ese sentido. En mi opinión, los jesuitas hacen el mínimo imprescindible por la comunidad de residentes en las plantaciones.
He trabajado bajo muchos directores jesuitas del CSC. Agradezco realmente el apoyo que la mayoría de ellos, con dedicación y compromiso, me han ofrecido en mi misión. Pero a veces la incomprensión y el recorte de mi libertad han hecho que me sienta frustrada.
La acción social es la obra de mi vida. Me gusta hacer todo cuanto puedo por los niños, las mujeres y los pobres. Dios me ha bendecido en abundancia concediéndome la oportunidad de servir a las más pobres comunidades de residentes en las plantaciones de té. Ha habido épocas en los que el CSC ha estado a punto de cerrar sus puertas. Y ha habido también momentos en los que he pensado que debería dejar el centro Pero Dios ha sido mi guía constante en mi misión dentro de él. Cuando trabajo por los niños y por la gente, olvido mis preocupaciones familiares. Estas personas tan extremadamente pobres, con su amor y su cariño, me han dado alegría, satisfacción y sentido vital. Le estoy agradecida a Dios por haberme concedido, a través de la Compañía de Jesús, esta oportunidad de servir a los marginados.