Testimonio

Cruzar las fronteras con esperanza

Jenny Cafiso, (CJI-Canada) Jenny Cafiso, (CJI-Canada)

Cuando escribo estas líneas, más de 7.000 migrantes hondureños, entre ellos también niños, han cruzado las fronteras de Guatemala y México y se dirigen ahora hacia la frontera estadounidense. Algunos, como el presidente de Estados Unidos, los describen como asesinos, violadores, “criminales de mala calaña”. Los helicópteros los sobrevuelan, la policía fronteriza y el ejército han sido alertados y están listos para actuar. Hay llamamientos a cerrar la frontera.

Aunque algunos migrantes se han dado la vuelta, la mayoría continúan su marcha. A José Mejía, de 42 años y padre de cuatro criaturas, oriundo de la ciudad hondureña de San Pedro Sula, se le atribuyen las palabras: “Vamos a dormir aquí en la calle, porque no tenemos otra cosa”.

Estuve en San Pedro Sula, Honduras, hace tan solo un mes. Es allí, en esa ciudad, donde, bajo la dirección del P. Melo Coto, operan Radio Progreso y ERIC, una estación de radio y un centro de derechos humanos de los jesuitas. Junto con el equipo de ERIC visité algunas de las comunidades donde trabajan, y entiendo por qué la gente está abandonando el país.

Conocí a Gerardo, un joven periodista de Radio Progreso que ha recibido unas cuantas amenazas de muerte. Su hijo de 5 años le dice que tiene miedo de que lo maten. En un país en el que más de 40 periodistas han sido asesinados desde 2009, el peligro es real. Le pregunté a Gerardo por qué permanece en el país. Respondió que porque están comprometidos con el pueblo. Gerardo probablemente no forma parte de la caravana de migrantes que se encaminan hacia la frontera de Estados Unidos; pero si formara parte de ella, yo podría entender por qué.

Dos líderes comunitarios caminaron horas para contarnos su lucha contra la compañía minera canadiense Aura Minerals, que no solo ha contaminados sus ríos y su tierra, sino que ahora está trasladando el cementerio donde se encuentran enterrados sus familiares. Con tristeza y miedo, Manuel me contó que su hijo, que no tiene forma de alimentar a su familia, ha partido para cruzar la frontera. Dijo que esperaba que Dios cuidara de él.

Visité a la gente del Campamento Guapinol, en Tocoa, que están bloqueando la entrada a una mina “para defender el agua y la vida”. Esperan la llegada del ejército para desalojar el campamento. Quizá algunos de ellos estén ahora en la caravana que se dispone a cruzar la frontera.

Y también conocí a Belinda, en Guadalupe, Santa Fe, una comunidad pesquera de la etnia garífuna, cuya tierra ancestral ha sido comprada por un hombre de negocios canadiense, que está construyendo una comunidad para jubilados canadienses. Se suponía que su tierra estaba protegida, pero ahora temen quedarse sin acceso al mar y a la pesca. Belinda y otro líder han sido acusados de entrar sin autorización en propiedad ajena. Me pregunto si también ella se ha sumado a la caravana que quiere cruzar la frontera.

En un país que tiene la mayor tasa de homicidios en el hemisferio occidental y en el que cada 14 horas es asesinada una mujer; en un país con una red de crimen organizado conexa al tráfico de drogas con destino a Norteamérica; en un país en el que se vive un profundo conflicto social debido a la masiva presencia de compañías mineras y en el que existen desigualdad y pobrezas extremas, no es sorprendente que miles de personas se estén marchando.

En Canadian Jesuits International (CJI), este año elegimos Bridging Borders [Tender puentes sobre las fronteras] como el tema de nuestra campaña de Giving Tuesday [Martes solidario]. Elegimos este lema inspirados en gran medida por las palabras del papa Francisco: “Apelo a no crear muros, sino a construir puentes”, pero también profundamente preocupados por la política del miedo en el contexto actual.

Bridging borders no es un concepto vago ni un deseo abstracto. Es un compromiso que implica al corazón, un compromiso con la justicia social. Exige cambios concretos en las estructuras sociales que están en la base de la división, la pobreza y el conflicto. Comporta cerciorarse de que todo el mundo disfruta de acceso a las necesidades vitales básicas, como alimento, agua, vivienda, educación, asistencia sanitaria… no como privilegios o regalos, sino como derechos. Comporta trabajar para que las personas puedan llevar una vida digna en sus propios países, libres de violencia, y se respete su modo de ganarse el sustento. Exige que luchemos para que todo el mundo tenga voz, derecho a expresar su opinión. Comporta trabajar por el bien común. Solo entonces cabe hablar de Bridging Borders,de tender puentes sobre las fronteras.

Para nosotros, en cuanto canadienses, ello supone cerciorarnos de que nuestras compañías mineras que operan en el extranjero obtienen el consentimiento libre, previo e informado de las comunidades locales en las que trabajan. Supone conceder ayudas que permitan a las economías locales prosperar, supone fomentar prácticas de comercio justo y también romper relaciones con los gobiernos que no respeten los derechos humanos.

Como dijo Gerardo, el periodista que vive en Honduras bajo amenaza de muerte: “Tenemos que ser una luz en medio de la oscuridad”.

Share this Post:
Publicado por SJES ROME - Coordinador de Comunicaciones in SJES-ROME
SJES ROME
El SJES es una institución jesuita que ayuda a la Compañía de Jesús a desarrollar la misión apostólica, a través de su dimensión de promoción de la justicia y la reconciliación con la creación.