Testimonio

Caminar con los presos, caminar con el Señor Dos relatos como botón de muestra

Susai Raj (PAT) Susai Raj (PAT)

[Los nombres de las personas han sido modificados para respetar su privacidad; todos los demás detalles están tomados de los expedientes judiciales y penitenciarios]

1errelato - Shantha Ram

Shantha Ram está acusado de violar y asesinar a Kanchan Kumari, una niña de 8 años, vecina suya en el jhopari-patti (poblado de chabolas) que se extiende a lo largo de la vía ferroviaria en las inmediaciones de la Secretaría de Estado de Bihar, en Patna. El suceso ocurrió el 16 de diciembre de 2007. Ram huyó tras los hechos, pero luego fue arrestado el 7 de agosto de 2011 y desde entonces se encuentra preso en la Prisión Central de Patna.

Al igual que muchos otros, al principio Ram dijo que había sido implicado falsamente en el caso; pero cuando le mostré una copia del expediente judicial –que incluía la lista de artículos incautados en su jhopari (chabola), entre ellos su tarjeta electoral y ropa interior de la niña fallecida, así como los informes forenses–, se quedó en silencio. Con los ojos llenos de lágrimas, dijo: “No quiero seguir viviendo; quiero morir”. Le puse suavemente la mano en el hombro. Esto tuvo lugar en la época en la que el Alto Tribunal de Nueva Delhi había confirmado el veredicto del juzgado de lo penal, condenando a muerte (en la horca) a los cinco acusados en el caso de Nirbhaya (una brutal agresión sexual a una estudiante de fisioterapia en un autobús en marcha el 16 de diciembre de 2012, seguida por la muerte de la víctima el día 29 de ese mismo mes en un hospital de Singapur, un suceso que conmocionó a la India); además, un tribunal en Mothihari (distrito de Champaran Oriental, en el norte de Bihar) y otro tribunal en el estado de Uttar Pradesh habían impuesto asimismo la pena capital por la violación y asesinato de una niña pequeña en cada uno de los casos. Ram había leído sobre tales sentencias en los periódicos.

Después de un rato de silencio, Ram me preguntó si también a él le sería impuesta la misma pena. Le dije que lo que hubiera hecho o dejado de hacer a Kanchan Kumari era algo entre él y Dios. El tribunal decidiría su caso basándose en las pruebas que se le presentaran. Puesto que yo no era Dios ni tampoco el juez encargado, no me correspondía a mí –le dije– juzgar; pero el expediente judicial, que incluía la declaración de la madre de Kanchan Kuamri, hacía pensar que su caso se estaba encaminando de hecho hacia una conclusión similar a la de los casos de Nirbhaya y las otras niñas violadas y asesinadas.

Tras otro rato de silencio, Ram me preguntó si también yo dejaría de visitarlo una vez que se dictara sentencia y fuera encerrado en la celda de aislamiento para los presos condenados a muerte. Le dije que, llegada esa situación, intentaría obtener de las autoridades de la prisión un permiso especial para visitarlo en su celda y, si me lo concedían, por supuesto que lo visitaría. Y que si así era, cuando lo condujeran a la horca, lo acompañaría hasta el último peldaño o la última puerta a la que me permitieran llegar. Ram me miró profundamente a los ojos; y con sus ojos llenos de lágrimas, pero componiendo con los labios una leve sonrisa, dijo: «Por favor, haga eso por mí». Le prometí que lo haría en la medida en que estuviera a mi alcance.

En el curso de mis visitas semanales a la prisión, me reunía con Ram periódicamente. Me pidió una Biblia, y le llevé una; me pidió otros libros religiosos, y de vez en cuando le prestaba alguno. Movido por la curiosidad de saber por qué estaba leyéndolos o qué era lo que entendía de la lectura de estos materiales, un par de veces le pregunté qué le gustaba de la Biblia o qué ideas de estos materiales le resultaban atrayentes o útiles. Me contestó con pocas palabras: «Leerlos me da paz». Me percaté de que mi curiosidad no era una actitud adecuada, la disposición correcta, en este contexto. Sabía que Dios estaba actuando en el ser interior de Ram, tenía la certeza de ello; pero no era de mi incumbencia descubrir cómo estaba actuando Dios o qué estaba haciendo con Ram, pues, al fin y al cabo, eso era algo entre Ram y el Señor. Yo había sido llamado a ser un instrumento o un medio, nada más; es un privilegio que el Señor me había concedido y yo no debía contaminar ese privilegio con mi pecaminosa tendencia a la curiosidad.

San Ignacio nos ha enseñado a sus hijos la hermosa oración: “Dame tu amor y tu gracia, que esta me basta”. El Señor me mostró su amor concediéndome la gracia o privilegio de «estar con» Ram, de esta manera en este estadio de su vida; no debía pedir nada más. Que el Señor purifique mi ser interior de igual modo que obra para purificar el ser interior de Ram.

2º relato - Akash Kumar Sonkar

Akash Kumar Sonkar era un exitoso hombre de negocios en el estado de Uttar Pradesh, fabricante de brochas de pintar y encalar de gran calidad. Pero, por alguna razón, sufrió un trastorno mental y empezó a vagar de aquí para allá. En una ocasión se fue de casa y sus familiares lograron encontrarlo al cabo de un par de días. Pero cuando se marchó en 1999, la familia no consiguió ya localizarlo. El 30 de agosto de 2004 fue arrestado por entrar sin autorización en una zona restringida de las Fuerzas Aéreas en Bihta (Patna, Bihar) e ingresó en prisión.

En 2009, voluntarios del Prison Ministry India (PMI) hablaron con él en la Prisión Central de Beur (Patna) y comenzaron los intentos de contactar con la familia, por un lado, y de acelerar la resolución de su caso, por otro. La dirección que había facilitado Akash no era correcta, por lo que localizar a la familia resultó más difícil de lo previsto. Pero Dios tiene su propio modo de cuidar del bienestar de los más pequeños y de los perdidos. En los primeros meses de 2011 se logró por fin localizar a la familia y contactar con ella; enterarse de que Akash seguía con vida fue para sus seres más cercanos una noticia gozosa, pero al mismo tiempo difícil de creer. Querían desplazarse enseguida a Patna para verlo, pero se les recomendó que tuvieran paciencia. Gracias a los esfuerzos del PMI, el 10 de junio de 2011 el tribunal absolvió a Akash y la familia fue informada de inmediato. Cuando la esposa de Akash y su hijo estaban preparándose para tomar el tren nocturno hacia Patna, la encantadora nietecita de 10 años (la hija del hijo de Akash) les preguntó a dónde iban. Cuando le contaron que viajaban a Patna para recoger a su abuelo, la niña se empeñó en acompañarlos para encontrarse con su ‘dada’ (abuelo), darle la bienvenida y llevarlo de regreso a casa.

Así, el 11 de junio de 2011 Akash se reunió con su familia después de 12 años. Al ver a su nieta por primera vez, Akash la levantó del suelo y la besó; luego, sentándose, la colocó sobre sus rodillas y empezó a acariciar sus tiernas mejillas; la niña, a su vez, acarició con sus tiernos dedos la barba de su abuelo. No solo el padre y la abuela de la niña fueron incapaces de controlar las lágrimas de alegría; otro tanto les ocurrió a los voluntarios del PMI. La familia había traído ropa nueva para Akash. Tras el sencillo, pero emotivo reencuentro, el hijo de Akash llevó a su padre al barbero, para que le cortara el pelo y lo afeitara. Y cuando, tras un refrescante baño, Akash se puso la ropa nueva, resultaba de hecho difícil reconocerlo. El viejo Akash había dejado paso a un nuevo Akash. Su mujer y su hijo tiraron la ropa vieja antes de dejar Patna, porque no querían llevarse consigo los tristes y dolorosos recuerdos de los últimos 12 años. No hay palabras para describir la alegría de estas personas cuando experimentaron que la familia había sido reconstruida con el regreso del cabeza de familia. Akash llama de vez en cuando a los voluntarios del PMI para informarles de que sigue bien.

Share this Post:
Publicado por SJES ROME - Coordinador de Comunicaciones in SJES-ROME
SJES ROME
El SJES es una institución jesuita que ayuda a la Compañía de Jesús a desarrollar la misión apostólica, a través de su dimensión de promoción de la justicia y la reconciliación con la creación.