¡ El mundo es nuestra casa!
Abstract
La crisis ecológica también reta nuestra fe, y la reconciliación con la Creación ha sido el tema central de la misión jesuita desde la CG 35, pero ¿cómo podemos llevarlo a cabo? La espiritualidad ignaciana provee los fundamentos para una respuesta a las preguntas ecológicas no solo de una manera contemplativa sino también a través de acciones prácticas en nuestras vidas y trabajos..
Hassan OUAJBIR, Pexel
La crisis ecológica también reta nuestra fe, y la reconciliación con la Creación ha sido el tema central de la misión jesuita desde la CG 35, pero ¿cómo podemos llevarlo a cabo? La espiritualidad ignaciana provee los fundamentos para una respuesta a las preguntas ecológicas no solo de una manera contemplativa sino también a través de acciones prácticas en nuestras vidas y trabajos..
Hace casi 500 años el Padre Jerónimo Nadal plasmó el espíritu jesuita en una sucinta línea poética: “El mundo es nuestra casa”[1]. Y recientemente, la CG 35 nos ha advertido que esa casa está ahora en estado ruinoso[2]. La cuestión que aflora es ésta: ¿cómo hemos dejado que nuestra casa se arruinara? ¿Fue el resultado de una actuación negligente por nuestra parte, como jesuitas? Cómo hombres, cuya casa es el mundo, ¿no estamos llamados a tomar parte activa en el cuidado de nuestra casa?[3] Un proverbio africano dice, que un hombre cuya casa se incendia no deja el fuego arrasador para perseguir a las ratas. Aunque parezca irónico, San Ignacio nos encomendó ir a “incendiar el mundo”. ¿Hemos entonces incendiado nuestra propia casa a sabiendas y en un exceso de celo? ¿O quizás no estábamos en casa cuando se declaró el fuego? No dijo también el mismo Nadal: “La carretera es nuestra casa”[4]. Somos hombres que siempre están avanzando, siempre con un pie levantado, preparados para la marcha. No hay prácticamente ningún sitio en el mundo en el que podamos sentarnos y tomar tiempo para acomodarnos, ya que siempre estamos en ruta hacia una nueva frontera. Quizás al estar siempre avanzando no hemos tenido tiempo para darnos cuenta de las grietas de las paredes, las goteras del techo, las tuberías oxidadas o de los grifos estropeados.
El salmista nos dice que los cimientos de esa casa estaban puestos, pero no por nosotros si no por la mano del Señor (Salmo 24:2). De modo que podemos seguir la pista de las grietas hasta el período de Adán y hasta el tiempo de Jesús de Nazaret, que vino a este mundo para poner orden en la casa. La buena noticia es que las grietas no empezaron hoy, pero aparentemente han empeorado. La misión de Cristo atacó la crisis de un modo efectivo desde su raíz: el pecado. Pero desgraciadamente todavía hay muchos dubitativos o indiferentes en cuanto a las raíces espirituales de nuestra enfermedad global. Se inclinan más por principios económicos de la apropiación competitiva que por la invitación de Cristo a almacenar tesoros duraderos en el cielo (Mateo 6:20) Por lo tanto: “El objetivo de acceder y explotar fuentes de energía y de otros recursos naturales está incrementando rápidamente el daño a la tierra, el aire, el agua y a todo nuestro medio ambiente hasta el punto de que el futuro de nuestro planeta está amenazado. La contaminación de las aguas y del aire, la deforestación masiva y los depósitos de residuos tóxicos están causando muertes y sufrimientos indecibles, especialmente a los pobres”[5].
Como hombres que cargan con una responsabilidad sobre el bienestar del mundo, de un modo sostenible y vivificador,[6] las comunidades e instituciones jesuitas de África necesitamos revivir, en nosotros mismos, en nuestros colaboradores y en todas las personas de buena voluntad, el vínculo entre nuestra situación global y nuestra condición espiritual a través de la oración, los estudios y la escritura. Vivimos en un universo moral. Si no nos sentimos tocados espiritualmente, la consecuencia es que nuestro universo sufre. San Ignacio habla en sus Ejercicios Espirituales de éste vínculo entre el mundo y el reino del espíritu. En la semana 4ª de sus Ejercicios Espirituales, el santo exhorta al ejercitante a “considerar cómo Dios vive en las criaturas, en los elementos dándoles existencia, en las plantas dándoles vida, en los animales dándoles sensaciones, en los seres humanos dándoles inteligencia, y finalmente, cómo de este modo vive en mi mismo”[7].Al reconocer estas maravillas, el ejercitante toma conciencia de la realidad y de Dios de un modo encarnatorio[8]. Es urgente para nuestro continente africano hacer revivir esta espiritualidad ecológica, ya que se han dado incontables formas de degradación ecológica y humana.
En el terreno práctico ésta espiritualidad ecológica debería inspirar a los jesuitas, especialmente a los que trabajan en África, para que se acerquen a todas las realidades con respeto y admiración. En África existe la creencia de que Dios, en su trascendencia, habita en los cielos, y sus exuberantes vestimentas barren toda la tierra consagrándola y conservándola. Esta es la razón por la cual en algunas comunidades, es terrible eliminar una vida sin justificación (humana, animal e incluso algunas especies de plantas). Algunos días de la semana no se puede pescar ni en los ríos ni en los mares, en señal de respeto. Está prohibido cazar ciertos animales escasos o “sagrados”, y pájaros. Es tradición que al final de cada cosecha, el granjero deje algo en los campos para los pobres y para los que rebuscan entre los matorrales. Basándonos en estos valores, y desde la espiritualidad ignaciana, los jesuitas son llamados a valorar no solo a los seres humanos sino también a los animales -ya sean animales domésticos o depredadores- y a los árboles, como huellas visibles de Dios.
Malgastar agua, alimentos, cualquier tipo de objetos de la casa, libros, efectos personales…., cuando hay tanta gente pasando necesidades es por lo tanto una ofensa a nuestro prójimo y a Dios. En lugar de tirar estas cosas, deberíamos recogerlas y entregarlas a orfanatos o a aquellos que las necesiten. En el Hekima Jesuit College de Teología de Nairobi por ejemplo, los escolásticos visitan dos veces a la semana las seis comunidades para recoger comida, objetos y efectos personales usados para distribuirlos entre los niños de la calle. Durante la Cuaresma y al final de cada semestre, este grupo de escolásticos coloca una caja para recoger prendas usadas, en cada comunidad. Sorprendentemente estas cajas siempre se llenan. Esta práctica puede ser imitada, y con mayores beneficios, en muchas comunidades e instituciones jesuitas de África.
Vivimos en una época de tecnología de la comunicación sin precedentes, y muchos jesuitas se defienden bien en ella, sin embargo algunas veces somos un tanto derrochadores en nuestro uso de estas tecnologías. Hace unos años estando yo en un colegio jesuita de África fui testigo de cómo algunos escolásticos y alumnos ordinarios solían bajar e imprimir páginas de información de Internet sin molestarse luego en recogerlas. Para evitar este despilfarro de papel y tinta de impresora algunas instituciones han instalado el sistema de pagar lo que se imprime, a través del uso de impresoras de prepago y con clave de acceso. Este sistema puede ir bien en algunas comunidades e instituciones, pero en mi opinión lo mejor sería imprimir solo lo que sea absolutamente necesario. El resto puede ser leído online o descargado a un lápiz de memoria o al disco duro del ordenador. En algunas comunidades e instituciones tienen el problema de que las maquinas son antiguas y son, tecnológicamente hablando, un trasto viejo, y en lugar de dejarlas deteriorarse más, podrían ser vendidas a las tiendas de reciclaje, donde pueden ser reparadas o destinadas a otros usos.
La cultura consumista de hoy agota las limitadas fuentes de energía de nuestro planeta, amenazando la supervivencia de futuras generaciones. Por lo tanto, el consumismo demanda tanto nuestra respuesta compasiva como nuestra resistencia[9]. Satisfacer estas demandas en nuestras comunidades e instituciones jesuitas, supone llevar a cabo prácticas que ahorren energía en lugar de consumirla. Imbuirse de buenos hábitos como apagar la luz y otras aplicaciones cuando no son necesarias es un buen comienzo. También significa usar bombillas y aparatos que ahorren energía, por ejemplo usar pilas recargables en lugar de las desechables porque gastan menos energía y salen mas baratas a largo plazo. Nuestras comunidades son también llamadas a usar calefactores instantáneos para la ducha en lugar de calentadores de agua, que despilfarran mucha mas energía. De hecho, si es posible, se recomiendan las duchas frías que ahorran energía y contribuyen a prolongar la calidad de vida. El uso de lavadoras, secadoras y lavavajillas debería ser también vigilado, Debido a su alto nivel de consumo de energía, estas máquinas deberías ser usadas con moderación y completamente cargadas.
Los jesuitas deben estar preparados para remplazar la cultura de conducir por placer, por la saludable práctica de caminar por salud. Las emisiones de CO2 de los automóviles, constituyen una de las mayores causas del cambio climático. Por supuesto necesitamos coches, pero hay veces que sería mejor caminar que conducir, especialmente en distancias cortas. Hace poco oí un comentario acerca de tres jesuitas de una comunidad que iban a prestar un determinado servicio cada uno en su coche, cuando un solo coche habría sido más económico y más ecológico. La práctica de compartir el coche está hoy muy extendida en muchas empresas. Además, algunas empresas disponen autobuses para ir y volver al trabajo y de este modo evitar que los empleados deban ir cada uno en su coche.
Por último, la CG35 invita a todas las comunidades e instituciones jesuitas de África a promover la cultura de un medio ambiente limpio y ecológico. Esto va desde plantar árboles de hoja perenne y flores en nuestras residencias y parques nacionales, hasta asegurarse de que nuestro césped está en buenas condiciones. También incluye separar las basuras que son biodegradables y las que no; estás ultimas pueden ser recicladas y las primeras pueden ser utilizadas de abono. Una política de energía limpia y ecológica es contraria a la quema de maleza o de basuras en “un rincón de nuestra propiedad”. Todas las basuras deben ser quemadas en un único sitio, preferiblemente en una planta incineradora.
[1] Jerónimo Nadal, 13ª Exhortatio complutenses (Alcalá 1561), 256(MHSI 90, 469-470).
[2] CG35, D2, nº 27
[3] CG35, D3, nº 31
[4]Jerónimo Nadal citado en The Jesuit Guide to (Almost ) Everything: A Spirituality for Real Life de James Martin SJ (Nueva York: Harper Collins 2010 p 394)
[5] CG 35 D3 nº 33
[6] CG 35 D2 nº 20
[7] Ejercicios Espirituales Exx 235
[8] James Martin SJ Op cit p 391
[9] CG 35, D2, nº 21
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