Testimonio

Basta de barrotes

Leo De Weerdt SJ (BSE) Leo De Weerdt SJ (BSE)

Hace catorce años, siendo ya jesuita, di mis primeros pasos en la cárcel, y entré en la historia de las vidas de quienes viven allí. No me había dado cuenta de lo delicada que era la situación hasta que me encontré por primera vez ante la puerta de la prisión de Brujas. No sabía entonces lo rica que esta experiencia podría ser. Una de nuestras actividades en la cárcel, Tralies uit de weg” (“Basta de barrotes”), ha sido nominada para un premio oficial de la organización holandesa Huub Oosterhuis Fonds en Ámsterdam.

Personas cristianas de las parroquias de la diócesis de Brujas (Bélgica), por un lado, y detenidos de las cárceles de la zona occidental de Flandes, por otro, están dispuestos a convertirse en compañeros de camino y quizás, un día, en amigos. ¿Suena esto a utopía? ¿Cómo puede darse un encuentro sincero entre un cristiano que trata de vivir siguiendo el Evangelio y alguien que está en la cárcel por hechos punibles? ¿Acaso el agua no es demasiado profunda para establecer un puente de encuentros significativos entre estos dos mundos...?

Origen del Proyecto

En 2001 la capellanía de la prisión, en colaboración con la diócesis, comenzó el proyecto “Basta de barrotes” en el complejo penitenciario de Brujas. Se trata de que personas de las parroquias dialoguen con los presos sobre problemáticas humanas como los padres y la pareja, el sentido de la culpa, la ansiedad, la responsabilidad, el respeto, la libertad... La supervisión, la responsabilidad y la puesta en marcha específica del proyecto están en manos de un comité de coordinación en contacto con los capellanes de la cárcel.

Objetivo general

El supuesto básico del proyecto es que la comunidad cristiana no se puede detener ante los muros de la cárcel. Tiene la intención de fortalecer la solidaridad de la comunidad cristiana tanto fuera, como dentro de la prisión. Los cristianos pueden convertirse en constructores de puentes por medio de los cuales la cárcel y la sociedad se acerquen, se relacionen y acorten la brecha que los separa.

Asimismo, este proyecto puede crear un espacio donde voluntarios y detenidos trabajen sobre temas como el significado y la calidad de vida, desde una perspectiva cristiana. En las conversaciones nos detenemos en temas existenciales que desafían las vidas de todos. Por otra parte, queremos estar cerca de la persona herida. Ocuparnos, cuidar y acompañar a uno de los colectivos más marginados de la sociedad se vuelve un desafío muy concreto en nuestro proyecto.

Creemos firmemente que, como comunidad eclesial centrada en la vida de la cárcel, somos capaces de captar mejor el núcleo principal del Evangelio y nuestra misión como cristianos.

Método de trabajo

Varios voluntarios (5) de fuera de la cárcel y algunos detenidos (5-7) participan en un grupo de discusión bajo la supervisión de un facilitador y en presencia de un capellán de la prisión. Los voluntarios y los detenidos se encuentran en primer lugar y ante todo como “seres humanos”, pues la igualdad entre seres humanos es el principio-guía de las reuniones.

Cada grupo de discusión consiste en un ciclo de seis encuentros de dos horas cada uno. Tienen lugar cada una o cada dos semanas en una sala de la prisión, lejos de la mirada de los guardias. Cada vez que se afrontan problemáticas genuinamente humanas en profundidad, la brecha entre detenidos y voluntarios se va achicando. Estos problemas se perciben de manera diferente según el contexto en que se vive. Cada tema se ilustra por medio de material, como por ejemplo fotos, canciones, obras de arte, etc.

El significado del proyecto para los detenidos

Los detenidos que toman parte en los grupos de discusión quedan sorprendidos al encontrar en los voluntarios un rostro de la sociedad no represivo. Para muchos detenidos es todo un descubrimiento ver personas fuera de la presión dispuestas a escucharlos, a hablar con ellos y a animarlos. Se sorprenden al ver que no los condenan.

A menudo los detenidos hablan de cosas de las que no conversan en la cárcel, salvo tal vez con el capellán. Han aprendido a ver a los voluntarios como gente que no está allí para representar un sistema o una profesión. Los detenidos y los voluntarios se encuentran primariamente en la condición humana compartida.

El grupo de discusión es percibido como un “santuario” donde cada cual puede ser él mismo. Es posible compartir emociones como el dolor, la tristeza, el resentimiento o la rabia sin tener que fingir y sin temer el mal uso de la información.

Y para los voluntarios

A los voluntarios se les brinda la posibilidad de conocer un mundo hasta entonces desconocido contra el cual hay muchos prejuicios. Además tienen la oportunidad de matizar su mirada hacia las personas que viven en prisión. Detrás del agresor, los voluntarios se encuentran rápidamente con el ser humano. Durante las reuniones los voluntarios experimentan a menudo que la vida es muy compleja y que no es posible hablar a la ligera. Muchos se dan cuenta de que habrían actuado quizá incluso peor de encontrarse en las mismas circunstancias de vida que los presos. Se les va haciendo evidente que la sociedad no se divide entre “malos” y “buenos”.

Los voluntarios lanzan a su vez un mensaje profético a la comunidad eclesial. En los lugares donde viven y trabajan llegan a ser testigos que cuestionan los estereotipos que la gente tiene de las vidas de los presos.

Tralies uit de weg (“Basta de barrotes”):

http://www.traliesuitdeweg.be

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Publicado por SJES ROME - Coordinador de Comunicaciones in SJES-ROME
SJES ROME
El SJES es una institución jesuita que ayuda a la Compañía de Jesús a desarrollar la misión apostólica, a través de su dimensión de promoción de la justicia y la reconciliación con la creación.