Haití – Haití “paralizado” tras el asesinato del presidente
12 de julio de 2021 - En la noche del 6 de julio de 2021, un acontecimiento trágico se sumó a la larga lista de sucesos dolorosos que han marcado la vida sociopolítica de nuestro país en los últimos meses: secuestros, asesinatos, masacres, desplazamientos masivos de poblaciones, bloqueo de vías públicas y aislamiento de más de tres departamentos geográficos. A primera hora de la mañana, los medios de comunicación anunciaron la sombría noticia: Alrededor de la 1:00 de la madrugada, un comando armado asesinó al Presidente de la República, Jovenel Moïse, con doce balas de armas de grueso calibre. El presidente se encontraba en su residencia privada, situada en la zona residencial de Pèlerin 5, en Pétion-Ville, una comuna del área metropolitana de Puerto Príncipe. La primera dama, Martine Moïse, fue alcanzada por tres balas pero no murió. Sigue en estado crítico. La noticia circuló rápidamente, como un reguero de pólvora, en todas las zonas del país. Paradójicamente, no ha provocado ni estallidos de alegría ni manifestaciones públicas de tristeza, sino más bien conmoción, sospecha, incertidumbre y miedo. La población permanece encerrada en sus casas y la vida cotidiana, sobre todo en las ciudades, está casi completamente paralizada: transportes públicos, instituciones públicas, bancos, centros comerciales, mercados públicos, comercios informales, etc.
Este suceso, lejos de ser un acto aislado, se produce en el contexto de una crisis generalizada: violencia indiscriminada, bandas armadas que ocupan casi un tercio del territorio de la capital, parálisis casi total de la vida política, económica y cultural del país. Es el indicador de una sociedad desordenada, la continuación lógica de una alarmante y trágica escalada que ha cobrado fuerza en los últimos meses. Esta situación se describe en el mensaje de los jesuitas del 18 de diciembre de 2020. En él, dimos la voz de alarma e hicimos un llamamiento a los actores nacionales e internacionales implicados. El asesinato del presidente Moïse, al tiempo que aumenta el caos en el que está sumido el país, es también un espejo que refleja los grandes problemas que paralizan a la sociedad actual: la grave crisis de seguridad, el colapso de las instituciones, el vacío constitucional, el hecho de que la política haya perdido toda credibilidad y que una gran parte de la población haya rechazado al jefe del Estado, la estrategia política de "gangsterización" de los habitantes de los barrios populares de las ciudades y de las zonas rurales, la polarización de la vida política, el miserable fracaso de los actores internacionales, el egoísmo y la estrechez de miras de una gran parte de la todopoderosa oligarquía económica...
El presidente había alcanzado un
nivel de impopularidad pocas veces experimentado por un jefe de Estado en la
historia política del país. El colapso de la economía y sus duras repercusiones
en la población, especialmente en los sectores marginados, las disensiones en
el seno de su familia política (el PHTK) a medida que se acercaban las
elecciones, sus conflictos abiertos con sectores poderosos de la oligarquía, su
falta de experiencia política y su catastrófica gestión de la crisis,
especialmente su relación con las bandas, responsables de cientos de
secuestros, masacres y numerosos asesinatos, etc. Desgraciadamente, todo presagiaba
el trágico final de la carrera política de este joven empresario, procedente de
una familia de campesinos pobres, que fue introducido en el infernal y corrupto
mundo político de Puerto Príncipe por su mentor, el ex presidente Michel
Martelly. Su asesinato creó una situación casi caótica. Hasta ahora, ha sido
imposible concebir una línea de actuación clara que garantice la continuidad
del Estado y un mínimo de estabilidad política, dado que la crisis
institucional y constitucional es muy profunda. Por su parte, la clase
política, en particular la oposición, desprestigiada y dividida, ha sido
incapaz hasta ahora de crear un consenso y llegar a un acuerdo que garantice
una transición política creíble que permita salir de este atolladero. ¿Podrá la
comunidad internacional, en particular los Estados Unidos de América, verdadero
líder del juego político haitiano, apoyar a los actores políticos locales para
encontrar una salida a la crisis, una salida que beneficie a la nación
haitiana? Aquí también reina la incertidumbre.
Es en este contexto único, lleno
de angustia, incertidumbre y sufrimiento -pero también de esperanza- que los
jesuitas de Haití estamos llamados a anunciar a Cristo resucitado, el que ha
vencido el mal, la violencia, la mentira y la muerte, y a encarnar las
Preferencias Apostólicas Universales de la Compañía de Jesús. Esta situación
nos hace caer en la cuenta de nuestras limitaciones humanas, de nuestra
impotencia; pero al mismo tiempo nos invita a confiar en la gracia del Señor
que no deja de capacitarnos para vivir con autenticidad nuestra misión de
sembrar semillas de vida y esperanza en el corazón de las mujeres y los hombres
de nuestro país, especialmente de los más jóvenes. Así, seguiremos participando
en el proceso de curación y reconciliación de la gran familia haitiana para que
pueda experimentar por fin una verdadera liberación y descubrir un renovado
deseo de vivir. No hace falta decir que también contamos con vuestra auténtica
solidaridad fraternal.
Que el Señor bendiga a nuestro
país, que nos conceda paz, consuelo y serenidad.
Por el P. Jean Denis Saint-Félix, SJ, Superior de los Jesuitas en Haití
Fuente:JCCU





