Para devolver algo… La Historia de mi Apostolado Social
Uno de mis sueños de infancia era salvar vidas, sueño bastante común a esas edades. Pienso que mi sueño estaba enraizado en la historia de mis antepasados. De joven, mi bisabuelo emigró del norte de Italia a la parte occidental de Austria en busca de trabajo. En mi ciudad natal era famoso por su marcado acento italiano. Mi abuelo regresó enfermo de la Primera Guerra Mundial y murió seis meses después de nacer mi padre. Durante la Segunda Guerra Mundial, mi abuela, con sus cuatro hijos, sobrevivió gracias a la ayuda de Cáritas y de la comunidad parroquial. Estas experiencias marcaron a mi padre. Para él y para mi madre era importante vivir en solidaridad con los pobres y que nos implicamos tanto en el terreno social como en la comunidad.
Al terminar la enseñanza secundaria y el servicio militar, decidí viajar a Estados Unidos y México. Durante este viaje de medio año conocí a un montón de gente. Aprendí cómo se ve la vida desde la perspectiva de jóvenes que pasaban estrecheces y no contaban con apoyo de sus familias. Cuando regresé de este viaje, me costó readaptarme a la vida normal en Austria. Durante un año, sopesé diversas opciones. Luego, empecé a colaborar como voluntario en un proyecto social para varones sin techo en Viena. Pensaba estar dos semanas y terminé pasando allí dos años. Esto era lo que buscaba. Durante mi estancia en Viena participé en el Programa Europeo de Voluntariado de los jesuitas. Oí hablar de la visión del Padre Arrupe sobre “una fe que obra la justicia”. Aprendí también qué podía significar el ser miembro de una orden religiosa: “Comprometerme, desde el enraizamiento en el Evangelio, en los puntos calientes de la sociedad actual”. Después de esto, ingresé en la Compañía de Jesús.
Cuando el sistema comunista colapsó en la Europa del Este, nuestro provincial envió a un jesuita austriaco a Rumania para ayudar a los niños de la calle en Bucarest. En los años transcurridos desde entonces se ha creado –bajo el lema: “Ir adonde la necesidad es mayor”– un proyecto social para niños y jóvenes en dificultades llamado CONCORDIA. En 2008 fui enviado a Sofía, la capital de Bulgaria, para poner en marcha CONCORDIA Bulgaria. Allí viví y trabajé cuatro años. Desde entonces soy miembro del consejo directivo de CONCORDIA.
Proyectos Sociales CONCORDIA se ha fijado como objetivo ayudar a familias de la Europa del Este que luchan por sobrevivir. En Bulgaria, la República de Moldavia y Rumania, muchos niños viven en la pobreza. No tienen suficiente para comer. Tampoco tienen casa. Ni futuro. Queremos capacitar a estos chicos para que crezcan felices y vivan vidas independientes. Les brindamos un hogar seguro. Les abrimos oportunidades de futuro a través de una educación bien fundada.
Los principales retos a los que enfrentamos en los proyectos de CONCORDIA están relacionados con el cambio de la situación política a comienzos de la década de 1990, cuando el mapa de la Europa del Este cambió. Desde entonces, estamos inmersos en un continuado proceso de transición, no solo en la Europa del Este. Económicamente, este proceso conlleva muchas ventajas. Pero los sistemas de bienestar social en los últimos Estados incorporados a la UE no pueden hacer frente a los problemas sociales, por ejemplo, la migración laboral a la Europa central o los derechos de las minorías. Percibimos en la UE un clima de disminución de la solidaridad.
CONCORDIA se ocupa de niños y ancianos abandonados, y trabajamos en pro de grupos vulnerables como la comunidad romaní. Hacemos esto tendiendo puentes entre Este y Oeste, entre jóvenes y ancianos. En los proyectos que desarrollamos en cuatro países participan unos 300 voluntarios. Especialmente el compromiso de los voluntarios jóvenes nos infunde esperanza.
Proyectos Sociales CONCORDIA está relacionada con los jesuitas a través de las directrices de CONCORDIA, que tomamos del P. Ignacio: “Vamos adonde la necesidad es mayor y otros no van”. Yo empecé a trabajar con CONCORDIA cuando llevaba ya 20 años en la Compañía de Jesús. Soy consciente de que vivo en una inmensa red de jesuitas, amigos y colaboradores varios y de que esta red apoya con generosidad proyectos locales como CONCORDIA.
Miembros experimentados del personal de la Kardinal König Haus supervisan a los responsables de CONCORDIA e imparten cursos a trabajadores sociales. Con su ayuda estamos creando nuestra propia escuela para personas activas en el campo social en la Europa del Este. Pienso que al menos dos de las nuevas preferencias apostólicas están estrechamente relacionadas con CONCORDIA: caminar con los pobres y acompañar a los jóvenes.
Cuando llegué a Bulgaria en 2008, me dijeron que era muy peligroso entrar en los guetos en los que viven ilegalmente los romaníes. Al cabo de dos años, Milan, un chico de 11 años que quería vivir en nuestro centro social, me llevó a su comunidad. Me guió hasta la chabola en la que vivían sus padres y sus cinco hermanos. Este encuentro me mostró una realidad vital que no esperaba encontrar en el corazón de Europa. Esa tarde noche, les pregunté a Milan y otros niños cuáles eran sus sueños. No diferían de los sueños de los hijos de familias vienesas acomodadas. Pero sin ayuda estos críos tienen ínfimas probabilidades de realizarlos. Algunos de los niños y muchachos que intentamos ayudar en los primeros años murieron a causa de las drogas o por diferentes enfermedades. Fue muy decepcionante darnos cuenta de que cambiar las cosas y salvar vidas no es tan fácil y de que nuestro trabajo exige perseverancia.
Estoy contento de que, a través de la Compañía de Jesús, Dios nos ofrezca una forma de recorrer esta senda de reconciliación, que incluye a todos los seres humanos y, en especial, a quienes viven en los márgenes de la sociedad. Me siento feliz de formar parte de una comunidad comprometida en distintos campos sociales y de saber que estemos usando nuestros corazones y nuestros cerebros. Y agradezco la oportunidad que me brida el apostolado social de devolver a la sociedad algo de lo que yo recibí a través de mis padres y de otras personas que me mostraron su amor y solicitud.