El apostolado social es como un hogar para mí
En 1998, año de las Olimpíadas de Seúl, me gradué en la universidad y a
continuación ingresé en la Compañía de Jesús. Al comienzo del segundo año de noviciado,
los novicios hicimos “ejercicios espirituales en la vida diaria” siguiendo la
decimonovena anotación del texto de S. Ignacio. Un día, después de haber
concluido la oración, mientras daba un paseo para reflexionar tuve una visión.
Vi la espalda de un hombre de mediana edad que parecía un mendigo vagabundo con ropas ajadas. De pronto, volvió la mirada hacia mí muy afectuosamente, sin decir nada. En ese momento sentí que era Jesús y en mi corazón palpitó el deseo de seguir a ese vagabundo que caminaba delante de mí. Al cabo de un rato, la visión desapareció. Mientras continuaba mi paseo, sentía un fuerte anhelo de seguir a Cristo pobre; ello me llevó a tomar dos decisiones que han sido sumamente importantes en mi vida. La primera fue que, para seguir a Jesús pobre, debía cambiar la vocación sacerdotal por la de hermano; y la segunda, que quería que mi futuro apostolado fuera el apostolado social.
A pesar de ello, una vez hechos los votos de hermano, no fui destinado a la formación para el apostolado social, sino que de inmediato se me asignó otro apostolado. (En aquel entonces en Corea solo había dos hermanos jesuitas, incluyéndome a mí). En mi vida como hermano jesuita no he sido destinado al apostolado que deseaba. Más allá de los años que se me concedieron para estudiar sociología, he pasado los últimos veinte años trabajando en el economato de la provincia o en la administración de la Universidad Sogang. Sin embargo, hay algunas dimensiones de la vida que me han mantenido vinculado al apostolado social.
La primera dimensión es que mi corazón ha estado siempre en este apostolado, en el sentido de que me he identificado a mí mismo como un jesuita involucrado en él. Por ejemplo, ahora estoy trabajando en el economato de la provincia. Sin embargo, considero que he sido enviado a él desde el apostolado social. Y estoy convencido de que, cuando termine el periodo por el que he sido nombrado, regresaré a este apostolado. Durante muchos años he sido miembro de la comisión social. La segunda dimensión es que, en la medida de lo posible, he vivido en la comunidad Hanmom, que es la comunidad del sector social. Esto me ha concedido el gozo de vivir con experimentados y respetables veteranos del sector, como los padres Jung Il-woo y Park Mun-su, con su rica espiritualidad. De hecho, he aprendido mucho de ellos. He sabido que la hospitalidad y las comidas compartidas son rasgos característicos de los pobres. También he conocido la capacidad de tener empatía. Así, entrar en los sentimientos de otras personas que sufren y sentir su dolor como propio se ha convertido en un mantra para mi vida. Este es un elemento importante del apostolado social y es lo que sentía el Jesús pobre en aquella visión que he descrito.
Ahora la Compañía de Jesús me está permitiendo trabajar en el apostolado social. De hecho, además de alegría, siento algo de miedo, pues aún no he vivido en primera línea del apostolado social ni me he familiarizado con él. Actualmente, al tiempo que estoy comprometido en el apostolado social, soy también ecónomo de la provincia. El hecho de estar ahora involucrado en el sector social, como largo tiempo fue mi deseo, me colma de alegría. Es verdad, el apostolado social es como un hogar para mí. Es como en la parábola del capítulo 15 del Evangelio de Lucas, en la que el hijo pródigo finalmente regresa a casa; de modo análogo, el sector social es para mí como la casa del Padre y mi propia casa, mi propio hogar. Es el lugar donde debo morar, el escenario de mis actividades.