Creciendo en la fe, trabajando por la justicia
Mi momento de despertar espiritual ocurrió en 1997 en Wat Suan Mokkh, un monasterio budista en Tailandia. Yo tenía 22 años y era agnóstico, pero tenía un interés considerable por las religiones del mundo. Asugerencia de alguien que había conocido viajando, me inscribí en unretiro introductorio de meditación de 10 días.
El retiro fue muy difícil: me despertaba con un gong a las 4:30 am, pasaba numerosas sesiones en meditación silenciosa con solo dos pequeñas comidas de arroz integral y verduras al vapor.
Por ello, ya para el inicio de la noche, la mayor parte de mi meditación se centraba en la comida. Pero Dios se abrió camino entre el hambre y, en el séptimo día, tuve una breve y repentina sensación de paz, amor y alegría abrumadoras, mucho más profundas que lo que había experimentado nunca.
En ese momentoquedó plantada una semilla para el resto de mi vida.Nacieron entonces, entre otras cosas, el deseo de seguir un camino espiritual, el de trabajar por la justicia con los marginados y la convicción de que mi propio hogar espiritual estabaen la Iglesia Católica Romana, en la cual me habían criado, pero que había dejado hacía varios años.
Un par de meses después de mi retiro, comencé estudios de posgrado en filosofía. Más importante aún, había empezado aasistir a misa con regularidad y también a trabajar con lasucursaldel campus de Pax Christi. Durante los siguientes dos años, mientras disfrutaba de mis clases, encontré cada vez más vida y más energía en mi trabajo voluntario,especialmente en las visitas a un comedor debeneficencia franciscano o a unacasa de trabajadores católicos.
Dejé atrás mis estudios de posgrado para dedicarme al trabajo voluntario a tiempo completo a través del Cuerpo de Voluntarios Jesuitas. Comencé a trabajar con 'Legal Aid of North Carolina', en una unidad especial que ofrece servicios legales a trabajadores agrícolas migrantes. La mayoría denuestros usuarios eran ciudadanos mexicanos que estaban en los Estados Unidos con visas de trabajo temporales. La naturaleza del programa de visas, que no les permiteelegir trabajar para un empleador/patrón diferente, los expone a una multitud de abusos. Muchos de los hombres con los que me encontré daban por sentado que, como extranjeros, no tenían derechos en los Estados Unidos, que pudieran ser reclamados ni defendidos. Nuestros esfuerzos de extensión comunitaria estaban dirigidos a hacerles saber que ellos sítienen derechos aquí; y que podíanrían, por ejemplo, presentar una queja si no estaban recibiendo sus salarios completos o si los pesticidas se estaban rociando/aplicando mientras ellos estaban trabajando en los campos. En general, la gente se mostraba muy reacia a actuar, porque les preocupaban las posibles represalias de los empleadores. Sin embargo, en aquellos casos en que las personas tuvieron la valentía de defender sus derechos, era una verdadera bendiciónpresenciar el despertar de una nueva percepción de su propia dignidad.
El Cuerpo de Voluntarios Jesuitas tambiénme introdujo a la espiritualidad ignaciana. La manera de Ignacio de unirsu misticismo con un enfoque pragmático para relacionarse con el mundo me resonó profundamente.Pensamientos de una vocación religiosa comenzaron aaflorar. Sin embargo, solo empecé a seguirlos varios años más tarde, después de haber terminado en la Facultad de Derecho y de haber trabajado como abogado durante algunos años.
Ingresé en la provincia inglesa de Canadá de la Compañía de Jesús en el 2009, atraído sobre todo por la espiritualidad ignaciana y el compromiso jesuita de vivir una fe que hace justicia. Ambos aspectos se han profundizado considerablemente a lo largo de mis años como jesuita, especialmente en mi formación en la dirección espiritual y en los tres años que pasé trabajando con el Proyecto de Espiritualidad Ignaciana(ISP, por sus siglas en inglés). El ISP ofrece retiros de fin de semana para hombres y mujeres sin hogar y para aquellos en proceso de recuperación de alguna adicción. Los retiros se basan en la sabiduría de la espiritualidad ignaciana y la de las tradiciones de los Doce Pasos, que se complementan bien entre sí. Al igual que en un retiro ignaciano más 'típico', siempre es una tremenda alegría y bendición caminar con la gente que participa en los retiros del ISP a medida que llegaban a una conciencia más intensa de las profundidades del amor de Dios por ellos, un amor que se manifiesta tan singularmente con cada persona. He escrito más detalladamente acerca de la dinámica de estos maravillosos retiros aquí.
En agosto de este año, me nombraron Secretario de la Oficina de Justicia y Ecología (OJE) de la Conferencia Jesuita de Canadá y los Estados Unidos.La misión de la OJE es promover la reconciliación con Dios, con los demás y con la creación, por medio de la incidencia (advocacy), promoción de, la educación y el trabajo en red para el cambio social. Nuestro trabajo se basa en la espiritualidad ignaciana y la doctrina social de la Iglesia, , colocando en el centro las voces de las comunidades marginadas y vulnerables en el Canadá, en los Estados Unidos y en todo el mundo. Aun en el corto tiempo que llevo trabajando con la OJE, estoy entusiasmado por las numerosas oportunidades para avanzar y fortalecer el gran trabajo que se está realizando en estas áreas en nuestra propia conferencia y en todo el mundo jesuita.
Al haber nacido al mismo tiempo hace tantos años en Tailandia, mi fe religiosa y mi deseo de trabajar por la justicia son uno. Tratar de imaginar una sin el otro parece vacío. En mi propia vida desde entonces, han crecido juntos o, a veces, se han marchitado juntos. Representando a los trabajadores agrícolas que están despertando a un sentido más completo de sus propios derechos dados por Dios, atravesando los rigores de los ejercicios espirituales de Ignacio, acompañando a otros en sus propios viajes espirituales, amplificando las voces de la gente marginada por medio de la denuncia y defensa de sus derechos ante el gobierno y los líderes empresariales: todas estas son formas en las que yo mismo he crecido y me he acercado a Dios y en las que compartido los viajes de otros.