Compartir la alegría con Ruzean
En enero de 2014 fui a visitar varios centros educativos de instituciones cristianas en las cuatro diócesis de Gujerat, India. Mi tarea principal consistía en entrevistar a algunos estudiantes con y sin discapacidades, a sus padres y a los directores de los centros, para evaluar el impacto de la educación inclusiva en las respectivas instituciones educativas.
Uno de aquellos días de visita me encontraba en la escuela St. Anne, en Kalol, archidiócesis de Gandhinagar.
Mientras entrevistaba a uno de los muchachos, la H. Sissy Scaria, directora de la escuela, se me acercó acompañada de una mujer y su hija: “Padre, aquí está nuestra estudiante Ruzean, de 12 años, que es sordomuda. Tengo confianza total en Dios y en usted. Por favor, ¡haga algo por ella!” Tras haber oído las palabras de la directora que me pedía que ayudara a la estudiante, la joven madre divorciada, Bilkis Sulemanbhai Ghanchi, imploraba a mi lado entre lágrimas: “Por favor, Padre, sane a mi hija, haga algo para que oiga y pueda hablar”. Durante esta conversación, Ruzean estuvo en su mundo, porque no podía oír lo que se estaba diciendo, ni era capaz de pedirme que tratara de devolverle el habla y el oído. Siguió sonriendo y dando la mano a su hermana menor, Kushboo, de ocho años de edad, alumna de la misma escuela. En medio de aquella conversación, lo que más me maravilló fue la sonrisa inocente y distendida de Ruzean y su mirada fija en mis ojos. Así que dije a su madre y a la directora de la escuela: “Claro que voy a hacer algo. Estoy seguro de que un día la niña podrá oír y hablar. Confiemos en el poder sanador de Dios. ¿Nos podemos unir, los tres, ustedes dos y yo en favor de esta noble causa?” “Claro que sí, Padre” fue la respuesta. ¡Y fue de este modo que empezó aquella nueva obra evangelizadora conjunta!
Más tarde, dos meses después, llevé a la madre y a la hija al hospital civil de Ahmedabad. Allí nos encontramos con mi viejo amigo, el doctor Rajesh Vishwakarma. Desde el 2000 nos ha ayudado varias veces en un centro llamado Unteshwari Sammilitalayam, preparado para atender personas con todo tipo de discapacidades. Tras habernos escuchado en una visita inicial, Rajesh envió a Ruzean a que le hicieran varios análisis. Después de un examen clínico completo, nos entregaron el informe.
Una vez leyó el informe, el doctor Rajesh dijo: “Padre, espero que con la intervención de Dios y nuestro acompañamiento humano, el caso tenga solución. Espero que pronto, por medio de una cirugía de implante coclear en el lado derecho, pueda oír y hablar. Yo mismo procederé a la operación con un equipo médico del hospital civil”.
Un implante coclear es un dispositivo sanitario electrónico que ayuda a oír a personas con grandes dificultades auditivas. Puede devolver el oído también a pacientes sordos debido a la destrucción de células sensoriales de la cóclea. En estos pacientes, los implantes pueden proporcionarles una audición suficiente para una mejor comprensión del habla.
Por fin, en el mes de enero de 2015, la madre de Ruzean recibió la llamada para el implante. Al día siguiente, justo antes de la operación, me encontré con el doctor Rajesh y hablamos un momento. Siguiendo su deseo, bendije a la niña. El 21 de enero de 2015 el doctor Rajesh y su equipo de médicos y enfermeras llevaron a cabo la operación de implante coclear. Tras la operación la niña se quedó en el hospital unos diez días.
Hoy, quienes van a visitarla en su residencia en Kalol, se quedan sorprendidos, pues es capaz de oír y hablar con una cara sonriente. Yo también fui a verla y ¡fue una experiencia inolvidable!
Al ver a su hija conversando conmigo, la madre exclamó: “¡Padre, por fin Khuda –nombre que los iraníes dan a Dios– ha oído mis oraciones! Estoy muy contenta, porque Dios ha hecho maravillas en mi hija Ruzean. ¡Gracias, Padre Girish!” Bueno, estas palabras me emocionaron y ruborizaron un poco, porque sé muy bien que no soy yo, sino Dios quien ha actuado a través de varias personas de buena voluntad para que Ruzean pueda oír y hablar. En ese momento me encontré con las lágrimas de gozo de la madre de Ruzean. ¡Un momento de gracia para todos nosotros! Haber podido caminar con Ruzean y Bilkis en defensa de una noble causa ha sido una experiencia única.
P. Girish Santiago sj