Testimonio

Colaborar con lo Divino

S. Arulanandam SJ, (NEP) S. Arulanandam SJ, (NEP)

Sarvam Christum (Cristo está en todas partes). “El mundo está lleno de la grandeza de Dios”, como dice Hopkins. ¿Somos conscientes de ello? ¿Abrimos nuestros ojos interiores para verlo o experimentarlo? La visión jesuita del mundo comienza por las experiencias ignacianas de lo divino en Manresa, en el río Cardoner y en La Storta. Comprendemos que todo procede de Dios y retorna a Dios. Dios está presente en la creación, por lo que nuestra Madre Tierra es sagrada. Nuestra espiritualidad consiste en encontrar a Dios en todas las cosas y todas las cosas en Dios. Estas experiencias fundacionales de los padres fundadores jesuitas son la piedra angular de nuestra vida y nuestra misión.

Cada vez soy más consciente de que mi vida es un don. En y a través de este don, el Señor se me revela y actúa y trabaja en mí día tras día. De ahí que mi misión sea liberar a la humanidad de los males del mundo en colaboración con eso divino. Dios me invita a trabajar con él en contra de toda forma de sufrimiento, opresión, pobreza e injusticia.

Nuestra visión del mundo también guarda estrecha relación con la comprensión budista del sarvam dukkam: “el mundo está repleto de sufrimiento”. Esta es la contribución del Señor Buda a la iluminación. Los caminos son distintos, pero la meta es la misma: “erradicar el sufrimiento”.

Trabajo en medio de grupos multirreligiosos, multiétnicos y multiculturales en Nepal. La visión budista del mundo recién mencionada me ayuda a trabajar con ellos para avanzar hacia la erradicación del sufrimiento. Creo que Dios está presente por doquier y que también está presente en mí con su gracia. Ello me ayuda a vencer cualquier dificultad. Tal ha sido mi experiencia especialmente con las víctimas del terremoto.

Un ejemplo explicará cómo el amor solícito de Dios se manifiesta de una forma muy sencilla. Fui a un pueblo remoto con motivo de un programa de formación profesional de mujeres. Era un día lluvioso. La carretera se encontraba en pésimo estado. Tras no pocas dificultades, por fin llegamos al pueblo. Pasado el mediodía, me dirigí a comer. Antes de entrar en uno de los restaurantes, me senté en un pequeño banco de madera que había en la calle. Unos segundos después, un anciano octogenario que estaba sentado allí cerca se levantó y vino hacia mí con la silla en la que había estado sentado. Me dijo: “Padre, no se siente en ese banco de madera húmedo, que enfermará. Use mejor esta silla”. Este sencillo gesto habla de la magnanimidad de su corazón y del amor de Dios.

Somos seres dependientes. Dependemos de nuestra Madre Tierra para disponer de recursos naturales; de la humanidad, para experimentar amor; y de Dios, para existir. Hemos nacido para vivir, compartir y servir. Nuestra existencia solamente tiene sentido si servimos a la humanidad. Como dijo nuestro Señor: “He venido a servir, no a ser servido”. Este mantra es el eslogan que alienta mi trabajo. Nuestra espiritualidad ignaciana arroja más luz sobre cómo trabajar y arrimar el hombro con Cristo. Numerosos jesuitas nos han enseñado la manera en la que hay que recorrer esta senda. Los jesuitas llegaron a Nepal en 1951 y nos mostraron el camino para el trabajo misionero. En los últimos 70 años hemos estado presentes en la educación, la asistencia social y pastoral y otras actividades misioneras. Nuestras actividades se hallan enraizadas en nuestra Madre Iglesia, porque la Iglesia está implicada en la misión redentora de nuestro Señor. Esto me infunde energía para proseguir mi trabajo.

Obras sociales de los Jesuitas en Nepal


Desde mis años de formación he estado comprometido en tareas sociales. Incluso mientras trabajaba en un centro de educación superior, participé en actividades de la obra social. La responsabilidad social y el trabajo en pro de una sociedad justa son nuestro lema. Desde la CG 32 estamos comprometidos en la mejora económica y espiritual de la humanidad vulnerable. El reino de Dios comienza aquí en la tierra; así que preparemos a la humanidad para compartir, amar y crear una sociedad justa aquí en la tierra. Creo que nuestro Señor vino a la tierra a hacernos a todos humanos y conducirnos a la divinidad. Allí donde hay verdadera humanidad, allí hay también divinidad. Trabajemos, pues, por una verdadera humanidad.
La desolación forma parte de nuestro proceso espiritual diario. Es un proceso de discernimiento. Los jesuitas no solo debemos ser conscientes del discernimiento, sino que debemos incorporarlo a nuestro estilo de vida. En mi trabajo ha habido muchas ocasiones en las que me he sentido seco y confundido, envuelto por la oscuridad, sin saber hacia dónde moverme. Esos momentos me llenaron de desolación. Como dice Alexander Graham Bell, “cuando una puerta se cierra, otra se abre”. Este es el mantra decisivo para superar la desolación.

Me gustaría concluir con una reflexión de la antigua sabiduría india. Tatvam asi. Esto significa: “Tú eres eso”; o en otras palabras: “Tú eres el ser divino”. Esta visión del mundo está en consonancia con nuestra comprensión de que lo divino es nuestro Padre y nosotros somos hijos e hijas de Dios.

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Publicado por SJES ROME - Coordinador de Comunicaciones in SJES-ROME
SJES ROME
El SJES es una institución jesuita que ayuda a la Compañía de Jesús a desarrollar la misión apostólica, a través de su dimensión de promoción de la justicia y la reconciliación con la creación.