Caminar con el Crucificado
Deon iba a misa casi todos los días, con su mirada algo salvaje, una sonrisa radiante, mostrando los dientes. Lo que parecía gustarle en particular era llegar a misa hacia la mitad de mi homilía y desde el fondo de la iglesia gritar: "¡OIGA, PADRE!" Era evidente que sufría algún trastorno mental, cuyas causas eran numerosas.
Unos decían que había tenido una depresión al morir su madre, al comienzo del año. Otros decían que le había caído un machete sobre la cabeza cuando era joven, dejándole una lesión permanente.
Creo que lo importante no es saber cómo Deon llegó a ese estado. Pero cuando entraba en la iglesia, nadie se sentía a gusto, temiendo lo que podía ocurrir. Lo dábamos por imposible.
En los tres años que he vivido en la parroquia de San Martín de Porres en Belice, he visto a nuestros feligreses y sacerdotes crear un espacio de acogida - a veces de mala gana, como en el caso de Deon - para muchos de nuestros hermanos y hermanas 'rotos' por la vida, que deambulan por las calles sin familia y sin acceso a los servicios sanitarios. Deon nos recordaba continuamente la gran paradoja de Belice: un país lleno de tanta belleza y, al mismo tiempo, con profundas heridas, y la sensación desazonadora de no saber cómo solucionar los problemas.
Es posible que sea por esto que Deon me volvía loco: me recordaba mis rupturas, mis grietas, mi impotencia,
de las que no lograba escaparme. Muchos días quería realmente echarle fuera de la iglesia, pero en lo más profundo de mi corazón sabía que las puertas de la iglesia deben abiertas o cerradas para todos. Pero nadie sabía cómo atenderle, y tampoco cómo controlarle. Pienso con tristeza que podría decir lo mismo de mi propia fragilidad, de mi vulnerabilidad. En la mayoría de los casos quiero deshacerme de ellas, pero la invitación es a la compasión y no a la exclusión.
Un día, durante la misa de Cuaresma, el Señor me habló de forma muy clara. Deon llegó con su ropa de siempre, caminó decididamente hacia el altar decorado con un mantel morado,como el tiempo litúrgico exigía, y una corona de espinas. Sentado ante el altar, Deon se puso la corona de espinas sobre su cabeza, bien contento de que todos le vieran, y con una sonrisa radiante en la cara. Yo seguí celebrando la misa como si no nada pasara, pero el mensaje de aquel día fue muy claro: allí estaba Jesús, roto e impotente, distrayéndonos maliciosamente, bajo el disfraz de Deon.
Mateo 25, 34-46 es uno de los pasajes más fuertes de los Evangelios. Jesús se identifica con los enfermos, con los presos, con los pobres, con las personas 'rotas'. Cuando lo hicisteis al último de mis hermanos y hermanas, a mí me lo hicisteis. Pero ¡Jesús me agota! A veces me puede llegar a distraer tanto con sus exigencias de atención o de ayuda. A veces grita y a veces huele a ron barato. A veces estoy tan ocupado en mis tareas sacerdotales que no tengo ni tiempo ni energía para responder. Deon me recuerda la paradoja que constituye la esencia de nuestra fe: en medio de la ruptura y de la impotencia - nuestras y de los demás - el Crucificado nos llama a salir de nosotros mismos.
No he vuelto a ver a Deon, pero pienso a menudo en él. Ahora soy director de una ONG en la ciudad de Belice, una ONG que trata de crear puestos de trabajo para hombres y mujeres jóvenes que intentan huir del círculo de la pobreza, de pandillas peligrosas y de la violencia. La ONG se llama Centro para el Desarrollo de Recursos Comunitarios. En ocasiones tengo la sensación de estar tratando de sacar agua de las piedras. Tengo siempre ante mí mi inexperiencia y mi sensación de no estar a la altura de la situación. La desesperación y el miedo son tentaciones frecuentes ante tanta violencia y tanto sufrimiento. Y, sin embargo, hay momentos en que recuerdo a Deon con la corona de espinas sobre su cabeza y pienso: éste es el Reino de Jesús, la obra de Jesús, el pueblo de Jesús.
Brian Christopher SJ es director ejecutivo del Center for Community Resource Development (CCRD) en Ciudad Belice, América Central. CCRD es una ONG que se dedica a la organización de comunidades y al desarrollo económico entre gente golpeada por la pobreza y el crimen. www.ccrdbelize.bz o [email protected]
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