Programa Suyusama*
En el sur de Colombia, exactamente en el Departamento de Nariño, hemos empezado a transitar el camino hacia la sostenibilidad local y regional, entendida como una opción de vida en armonía con el entorno.
Nos inspira la permanencia en la región de una gran sabiduría ancestral, herencia de los indios Pastos y Quillacingas, habitantes de este territorio desde tiempos antiguos.
Recientemente, recogiendo papeles para presentar jóvenes candidatos y candidatas de la región a un concurso de becas para la realización de estudios de pregrado en agronomía, recursos naturales y medio ambiente en la Universidad Earth de Costa Rica, el gobernador del Pueblo Inga en Aponte, municipio de Tablón de Gómez, presenta a Liliana Armero Guerrero, con las siguientes palabras:
“Porque es una persona descendiente de un Pueblo Ancestral, la Gran Nación Inca, que conservan uno de los principios de vida que es “amar la naturaleza”, por cuanto somos hijos del sol y de la tierra y ellos son nuestro Padre y Madre. En esa medida, desde esta disciplina del conocimiento la aspirante podrá adquirir nuevas herramientas del saber para cuidad, proteger y conservar nuestro Territorio, siendo productivo, sin destruirlo para dejar una herencia para la permanencia y previvencia de nuestro Pueblo Ancestral en el tiempo y en el espacio.”
Esta visión de la vida, compartida también por las comunidades campesinas con quienes trabajamos, nos ha ayudado a comprender y valorar su pensamiento. Esta cosmovisión se convierte en un aporte muy valioso en los esfuerzos que hacemos por contribuir al fortalecimiento de la cultura ambiental de las comunidades, en donde los procesos de crecimiento espiritual posibilitan diálogos inspiradores entre espiritualidad ignaciana y espiritualidad andina.
No son pocas las ocasiones en las que en talleres o reuniones de trabajo nos encontramos con historias que nos revelan esta maravillosa manera de comprender el mundo. En una ocasión, conversando con doña Rosa Jojoa, campesina de una de las comunidades campesinas en las que estamos presentes, ella nos introdujo en el mundo de la “chagra”, espacio de vida de los campesinos, algo así como el microcosmos en donde se sostiene la vida. Doña Rosa nos decía que “en la chagra todos somos seres y conversamos los unos con los otros… si esa conversa se da, la crianza se da. Es una conversa que cría, que hace brotar y fluir la vida… así es el mundo de la chagra. Por eso es que a las maticas se les habla, se les canta, se les baila, se las viste, se las cría y ellas también crían a los hombres y las mujeres”.
Son historias llenas de sentido y que nos permiten comprender la espiritualidad que rodea a los bosques, los sembrados, el agua y las montañas. Es asumir otra mirada de la naturaleza, lejos de la mirada utilitaria de los recursos. Es comprender que todo tiene vida y que ésta necesita ser dignificada por todos los medios posibles.
Manuel Ruíz Parra
Comunicador social, miembro del equipo de profesionales
Programa Suyusama de la Compañía de Jesús
Pasto, Departamento de Nariño
Colombia
* Suyusama: voz quechua que significa “Región Hermosa”.