De cómo el papa se hizo ecologista – La historia detrás de Laudato si’, en palabras del propio Francisco

Si alguien que te quiere te hace un regalo bonito y valioso, ¿cómo lo tratas? Tratarlo con desdén equivale a tratar con desdén a la persona que te ha obsequiado. Si lo valoras, entonces lo admiras, lo cuidas; lejos de despreciarlo, lo respetas y agradeces. El deterioro de nuestro planeta procede de la pérdida de este sentimiento de gratitud. Hemos crecido habituados a poseer, pero no tanto a dar gracias.

Mi propia conciencia de esta verdad comenzó a forjarse durante una asamblea de los obispos latinoamericanos en el santuario de Aparecida, Brasil, en mayo de 2007. Yo formaba parte de la comisión encargada de redactar el documento final de la reunión, y al principio me disgustó un poco que los obispos brasileños, así como los de otros países, insistieran tanto en hacer referencia a la Amazonía. Me pareció excesivo. El año pasado convoqué un sínodo especial sobre la Amazonía.

¿Qué ocurrió entre esos dos instantes? Después de Aparecida, comencé a ver historias en los medios de comunicación: por ejemplo, el gobierno de una conocida isla del Pacífico Sur compró tierras en Samoa para transferir allí a sus habitantes, porque al cabo de veinte años la isla quedaría sumergida bajo el agua. En otra ocasión, un misionero en el Pacífico me contó que, durante una travesía en barca, vio un árbol que asomaba del agua. Preguntó: ¿ese árbol ha sido plantado en el mar? El hombre que manejaba la barca le dijo: “No; hubo un tiempo en que eso era una isla”. Y así, a través de numerosos encuentros, diálogos y anécdotas como estas, mis ojos se fueron abriendo. Fue como un despertar. De noche, uno no ve nada; pero poco a poco empieza a amanecer y se va viendo el día.

Así fue también mi proceso: sereno y calmado, gracias a la información cobré conciencia gradualmente hasta que me convencí de la seriedad del asunto. Me resultaron particularmente provechosos los escritos del patriarca Bartolomé sobre el tema. Era una inquietud sobre la que me decidí a hablar a otros, y eso ayuda. Al compartir preocupaciones, comenzamos a ver horizontes y límites. Fue así cómo surgió mi conciencia ecológica. Reconocí que era algo de Dios, porque se trató de una de esas experiencias espirituales que san Ignacio compara con las gotas de agua que entran en una esponja: suaves, silenciosas, pero insistentes. Lentamente, como el alba, comenzó a despuntar en mí una visión ecológica. Empecé a ver la armoniosa unidad entre la humanidad y la naturaleza y cómo el destino de la humanidad está inseparablemente ligado al de nuestra casa común. Sigue leyendo…

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Publicado por SJES ROME - Coordinador de Comunicaciones in SJES-ROME
SJES ROME
El SJES es una institución jesuita que ayuda a la Compañía de Jesús a desarrollar la misión apostólica, a través de su dimensión de promoción de la justicia y la reconciliación con la creación.

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