Testimonio

Los refugiados tienen mucho que enseñarnos

Danilo Giannese, agente del “Centro Arrupe”, Servicio Jesuita a Refugiados, Italia Danilo Giannese, agente del “Centro Arrupe”, Servicio Jesuita a Refugiados, Italia

Soy periodista de profesión, pero en lugar de pasar mi tiempo en la redacción de un periódico o de una televisión, paso mis días así: rellenando saquitos de fruta y hortalizas, entregando medicamentos, ayudando a niños a hacer los deberes. Dicho de otro modo, trato de responder a todas las exigencias cotidianas de las quince familias de refugiados políticos y demandantes de asilo que viven en el Centro “Padre Arrupe”, una estructura de acogida del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) en Roma.

Desde hace dos años, más o menos, soñaba con esto: hacer un trabajo que me permitiera estar en contacto directo con la ‘humanidad’; desde hace dos años añoraba pasar gran parte de mis días haciendo algo inherente a mi fe, que representara de forma concreta, en el vivir de cada día, el mensaje de Jesucristo, de Aquel que habla al corazón.

El objetivo principal del Centro Arrupe, y del JRS a nivel internacional, consiste en acompañar a los refugiados a lo largo de un recorrido que los vuelva autónomos.

El sueño de todos aquellos que trabajan en esta realidad es verlos salir de los centros de acogida con un trabajo, una casa y la posibilidad de “rehacerse” una vida después de un pasado de violencia y de persecuciones en su país de origen. Es evidente que en una ciudad como Roma esto no es sencillo: el trabajo no abunda, los alquileres son altos y me parece poder afirmar que en Italia ser refugiado es, de alguna manera, más difícil que en otros países, como por ejemplo Alemania, Reino Unido o los países escandinavos, cuyos gobiernos logran asistir mejor y más eficazmente a estas personas. Así que muchas veces mi trabajo y el de otros colegas consiste en compartir las frustraciones y el sufrimiento de “nuestros” refugiados quienes, después del calvario de la huida de su tierra, tienen que recorrer la tortuosa senda de un empleo en Italia.

Y, sin embargo, a pesar de las dificultades, la relación humana que se crea con los refugiados, día tras día, es muy especial. Es una relación que se alimenta de pequeños gestos, de sonrisas, de una palabra de consuelo en un momento de sufrimiento. Y luego hay toda la alegría que se desencadena cuando un padre de familia consigue por fin obtener un contrato de trabajo.

Desde que me dedico a este servicio, estoy aprendiendo muchísimo y cada tarde vuelvo a casa habiendo aprendido una lección nueva y siendo más consciente de muchas cosas.

Porque esta gente tiene mucho que enseñarnos. Una de las familias del centro, que está dejando una huella profunda en mi vida, viene de Kosovo. La constituyen padre, madre e hijo de un año. Han huido del país de los Balcanes porque la familia de ella, musulmana, no aceptaba su boda con un católico y amenazaba con matar al niño, en cuanto naciera. Por amor, los dos han huido a Italia y son padres de un niño precioso. Todavía no pueden permitirse el lujo de pagar un alquiler. Y, sin embargo, son felices. Lo peor pasó, las nubes están lejos y ante sus ojos va despuntando el sol.

Cada día, historias como éstas me ayudan a comprender que muy a menudo nuestros problemas son mínimos, y no merecen toda la atención que les damos.

Es posible que un día yo vuelva a trabajar en la comunicación. Si fuera posible, me gustaría hacerlo en una organización humanitaria. Pero lo haré con una visión más amplia. Y no olvidaré nunca los rostros y los ojos de “mis” refugiados, en los que puedo percibir con claridad el rostro de Jesús, el Humilde entre los humildes, que acompaña mis días de trabajo en la fría redacción de un periódico.

Danilo Giannese Centro Arrupe Roma, Italia

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Publicado por SJES ROME - Coordinador de Comunicaciones in SJES-ROME
SJES ROME
El SJES es una institución jesuita que ayuda a la Compañía de Jesús a desarrollar la misión apostólica, a través de su dimensión de promoción de la justicia y la reconciliación con la creación.