Testimonio

Connexions en el Servicio Social Jesuita de Melbourne, Australia

Nunzio Di Benedetto, SJ (ASL) Nunzio Di Benedetto, SJ (ASL)

Me llamo Nunzio Di Benedetto y soy un hermano jesuita de la Provincia de Australia.

En los tres últimos años he trabajado en un servicio llamado Connexions como parte de mi magisterio, poco después de haber completado mi máster en psicología en Boston College.

Connexions es un programa del Jesuit Social Services en Melbourne creado en 1996 para sostener a jóvenes con trastornos mentales y adicción a sustancias (es decir, con doble diagnóstico).

En Connexions proporcionamos asesoramiento a jóvenes de 16 a 28 años que responden a los criterios de este doble diagnóstico e intentamos acompañarlos integralmente.

En estos tres años he descubierto muchos aspectos de las adicciones, de las enfermedades mentales y también de mí mismo. La tarea central del acompañante consiste en introducirse en el mundo del otro y ayudarlo a descubrir lo verdadero y real, oculto tras una miríada de defensas psicológicas. La gran tentación es utilizar el rol profesional para negar cualquier punto en común con las personas acompañadas. Sin embargo, al entrar en el mundo del otro uno debe estar en contacto con su propia vulnerabilidad, porque ésta es la base para una auténtica comunicación. A veces este objetivo puede parecer una tarea imposible, pues al encontrarme con la pobreza emocional y espiritual del otro, debo también afrontar mi propia pobreza.

Contaré el caso de Jerome. Jerome es un chico de 20 años, caucásico, que vive en un suburbio oriental de Melbourne, con un severo cuadro de enfermedades mentales como ansiedad, depresión, esquizofrenia, trastorno de personalidad límite, bipolaridad y psicosis inducida por droga. Se drogaba con marihuana, alcohol, speed y LSD. Sus sucesivos ingresos en hospitales y las rehabilitaciones no habían producido éxitos. Había intentado suicidarse tres veces y hacerse daño físicamente, produciéndose quemaduras y cortes.

Cuando empecé a acompañar a Jerome descubrí que era un joven que se planteaba interrogantes existenciales sobre sí mismo: “¿Quién soy? ¿Cuál es mi lugar en el mundo? ¿Qué sentido tiene la vida?” En su búsqueda de identidad y de sentido estaba orgulloso de ser un marginado social y tener una enfermedad mental, lo cual fue una sorpresa. De ahí que se aislara con tanta facilidad del resto de la gente. Según avanzaban las conversaciones salió a la luz una desconfianza profunda hacia las relaciones humanas, lo que se debía a una larga historia de abusos y traumas. En esa fase de su vida Jerome fumaba hachís en grandes cantidades para gestionar una ansiedad devastadora.

Después de casi un año de terapia semanal fueron apareciendo en Jerome señales de mejora. Empezaba a tener relaciones humanas, se sentía animado y estaba introduciendo cambios concretos en su vida. Yo tenía la impresión de que estábamos saliendo del bache. Luego, un día me llamaron por teléfono diciendo que Jerome estaba amenazando con suicidarse. Se encontraba en un tren diciendo que su impulso de suicidio era tan intenso que quería matarse. Se informó a la policía, que le esperó en una estación de tren y le llevó al hospital.

Este repentino cambio de las circunstancias me afectó profundamente. Muchos pensamientos flotaban en mi cabeza: “¿En qué me equivoqué? ¿Cómo es posible que no haya previsto todo esto?” Al final de ese día pude hablar por teléfono con Jerome. Me dijo con claridad que tenía un fuerte deseo de acabar de una vez para siempre. Necesitaba ayuda, pero se dio cuenta de que nadie era capaz de dársela. Se sentía impotente y solo. Yo sentía lo mismo.

Jerome pudo encontrar finalmente la ayuda que necesitaba en el sistema hospitalario público. Agradeció mucho el acompañamiento que yo le había ofrecido. Nuestro caminar juntos no había sido sencillamente el de un profesional con su paciente. Había sido un camino de profunda confianza y de respeto mutuo entre dos personas. Aunque Jerome sigue siendo una persona vulnerable, confío en nuestra relación. Sé que si las cosas se complican, se pondrá en contacto conmigo. Sabe que me importa y siente confianza.

La labor de acompañamiento psicológico es muy incierta. En el caso de Jerome, ignoro lo que le ocurrirá en el futuro o si las sesiones conmigo le fueron de utilidad. Estos retos me han llevado a preguntarme por qué hago todo esto.

No sé si puedo articularlo bien, pero sí sé lo que siento. Cuando me relaciono con los pacientes durante las sesiones, realmente siento con ellos. Me importan. No quiero estar en ningún otro lugar. Me siento actuando con sinceridad y cómodo en mi papel. Pero hay veces en que me siento perdido e impotente. Reconozco que me encuentro ante algo que la persona está sintiendo y se me invita a que esté allí con ella. No se trata de hacer o arreglar nada, sencillamente de estar.

En la vida de un jesuita es constante la tentación de llegar a ser lo que uno no es. Si nuestra vocación consiste en ser auténticos y permanecer como tales, debemos aprender a morir, a abandonar falsas imágenes de “salvador”: debemos dominar nuestro ego. La autenticidad de la que hablo es una invitación a ahondar en la vida. Y la autenticidad que piden las personas a las que acompaño me ha sido de estímulo para ahondar en mis propias “profundidades” y reconocer mi increíble necesidad del Señor. Él es quien salva y sana, yo no soy más que un instrumento limitado. En este trabajo oculto me he sentido a menudo animado por las palabras de la Madre Teresa: "No todos podemos hacer grandes cosas. Pero podemos hacer pequeñas cosas con un gran amor."

Share this Post:
Publicado por SJES ROME - Coordinador de Comunicaciones in SJES-ROME
SJES ROME
El SJES es una institución jesuita que ayuda a la Compañía de Jesús a desarrollar la misión apostólica, a través de su dimensión de promoción de la justicia y la reconciliación con la creación.